Extrema derecha o democracia

Vox votó en contra de la subida de las pensiones o de la reforma laboral que permitió recuperar derechos y reducir la precariedad.

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José Manuel Zapico
José Manuel Zapico
Empleado público y secretario general de CCOO de Asturies.

No nos engañemos. Todo lo que avance la extrema derecha lo estará retrocediendo la democracia. La historia está llena de ejemplos que lo ilustran.

Durante cuarenta años padecimos en España una dictadura de marcadas afinidades con el nazismo alemán y el fascismo italiano, que impuso por la violencia un régimen contrario a las libertades y los derechos democráticos.

En nuestra historia reciente, la ultraderecha siempre ha estado ahí: se hizo fuerte durante el franquismo, se retiró (arrinconada) por el empuje de la democracia, se camufló en Alianza Popular y posteriormente en el PP, y de unos años a esta parte ha vuelto a adquirir protagonismo propio bajo las siglas de Vox (una escisión por la derecha del PP, conviene recordar para entender bien algunas cosas: de dónde vienen y con quién van).

Lo único que hay que agradecerle a Vox es que se haya quitado la careta y exponga abiertamente sus ideas reaccionarias: contra las mujeres, contra las libertades, contra las conquistas sociales… Vox votó en contra de la subida de las pensiones, rechazó la creación del Ingreso Mínimo Vital o de la reforma laboral que permitió recuperar derechos y reducir la precariedad… Y todo ello desde la demagogia e hipocresía en estado puro: quieren acabar con las comunidades autónomas pero en Castilla y León protagonizaron una loca carrera por los sillones, se reparten cargos públicos sin competencias y la primera decisión en el Gobierno fue subirse los sueldos.

Abascal este sábado en el Calatrava. Foto: Vox

El caso español no es un fenómeno aislado. Hay una internacional de extrema derecha con estrategias compartidas y hasta ideólogos en común, que al mismo tiempo se acopla y adapta, se modula a lo que cada país necesita. Orbán les marca la hoja de ruta y la dirección está clara: desmantelar la democracia, recortar derechos y reducir libertades.

Si bien hay un cierto consenso “académico” en diferenciar el fascismo de entreguerras de la extrema derecha actual, no lo hay para definir realmente lo que representan Trump, Salvini, Le Pen o Abascal. ¿Derecha radical, neofascismo, nacionalpopulismo, ultraderecha? Parece asumido que no se trata de “fascistas” en el sentido clásico. No pretenden crear un régimen autoritario de partido único ni tienen sueños imperialistas. Por ahora…

“Son el partido que defiende los privilegios de unos pocos”

La extrema derecha busca rentabilizar el malestar, la decepción y la frustración. Pero todo es una enorme mentira porque no son el partido de la gente corriente sino el partido de las grandes fortunas, de los señoritos, de los grandes terratenientes. Son el partido que defiende los privilegios de unos pocos, no los derechos de la mayoría. Y para conseguirlo siembran el odio y la división, repiten mentiras hasta convertirlas en verdad y polarizan la sociedad.

Mitin de Vox en el Calatrava. Foto: Vox

La diferencia entre lo que dicen y lo que hacen es abismal. Mientras la mayoría de la sociedad arrima el hombro, cumple con su trabajo, paga los impuestos, se esfuerza para sacar adelante a sus familias, ellos siguen viviendo de las herencias familiares, en los palacios y mansiones que les permitieron los grandes pelotazos del franquismo. Ellos no quieren pagar impuestos ni defienden una educación o una sanidad pública de calidad porque han vivido defraudando impuestos, estafando a la gente con sus trabajos y disfrutando de los mismos chiringuitos políticos que dicen combatir.

No les gusta la democracia porque no les gusta la igualdad de oportunidades.

Tenemos por delante varias citas electorales cruciales para el futuro inmediato. Son oportunidades para poner en su sitio a quienes solo representan los viejos privilegios de siempre, a los que solo aportan odio y rencor, a los que consideran que la mujer debe volver a la Edad Media, a quienes piensan que el futuro está en Hungría… ¡Y lo vamos a conseguir!

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