En Asturias votan cerca de 300,000 personas que reciben algún tipo de pensión. Son casi un tercio de los 958.000 asturianos que están llamados a entregar su voto en las urnas el próximo 28 de mayo. Si se tiene en cuenta el número de pensionistas, nos acercamos a los 270.000 en el mes de abril. Por sexos, 141.371 son hombres y 129.376 son mujeres. Son vidas hechas, completas, en ocasiones dependientes y en otras activas. La mayoría observan el futuro con un sentido crepuscular. En ellos hay tatuados signos de vida y muerte. En términos políticos, conforman un tercio que decide el horizonte de todos los demás. La media de las pensiones en Asturias supera los 1.300 euros y la media de los jubilado se sitúa por encima de los 1.600, la segunda más alta, sólo por debajo de Navarra en el conjunto de las comunidades del Estado.
La última medida en materia de pensiones ha sido la subida de un 8,5%, vinculando su crecimiento al IPC. El gobierno de Pedro Sánchez no quiere que los mayores pierdan poder adquisitivo. También quiere que vayan al cine. Es la nacionalización de las autonómicas y locales. La inflación los está mortificando. En una región que asume el envejecimiento como una estrategia incluida dentro del reto demográfico, la presencia del Ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, en el Encuentro de Mayores organizado en el tendayu del Pueblo de Asturias este lunes estaba perfectamente justificada. Las elecciones se juegan en el oeste de la ciudad, pero también se juegan en la tercera edad, en la vejez, en el último hurra que, a efectos electorales, es un territorio atravesado por la vida, nuestro western crepuscular.

Ante un partido envejecido, con una militancia veterana, Escrivá, Barbón y el candidato al ayuntamiento de Gijón, Luis Manuel Flórez, “Floro”, interpretaban una peli del oeste, dispuestos a llenar de munición el último tambor del revolver. Juntos acentúan el perfil social del partido y, sobre todo, dotan de mayor relieve la reforma de las pensiones aprobada por el Consejo de Ministros, una reforma autorizada por la UE que ha significado la mayor medida de redistribución de la riqueza afrontada en este país en los últimos cuarenta años para los autónomos, 3.329.863 de personas en septiembre de 2022.
Adrián Barbón se mueve con agilidad entre los mayores y Escrivá demuestra cada vez que habla que es el mejor baluarte de los pensionistas. Se ha convertido junto a Yolanda Díaz en el azote de los empresarios, la derecha edadista y los medios de comunicación ultra. Ha humanizado la pensión, ha roto el frente abierto intergeneracional, esa guerra civil de las edades que carcome la fraternidad entre españoles. Conoce el sector de los seguros como nadie. Ha sido uno de ellos. Se diría que lo suyo en el Ministerio es una especie de redención que deja alucinados a los secretarios de los principales sindicatos, CCOO y UGT. Mientras el PP desprecia a los pensionistas después de haber pedido a la UE que desautorizase la última reforma, Escriva, Barbón y Floro anuncian medidas desde sus competencias que apuntalan el bienestar social de los pensionistas. No reparten oro, incienso y mirra, pero desprenden la misma bonhomía que tres reyes. A su manera son Los tres padrinos de John Ford. La política busca redención. Escriva tiene la mirada de John Wayne, Barbón es un viejoven al estilo de Ward Bond y Floro es Spencer Tracy, el último pistolero, el último hurra, otro pensionista más.
Recuerden: el PSOE es el partido que más se parece a los españoles y en Asturias son un tercio los pensionistas que soportaron la tensión de la crisis financiera primero y de la pandemia después ayudando a sus familias. Estas elecciones van de soñar pero también de reconocer esfuerzos y sacrificios. Para bien o para mal, se han nacionalizado las elecciones y en muchos sitios se decidirá en la fase de penaltis.

El presidente del Principado anunció 16 millones para paliar la soledad no deseada y ayudas de 500 euros para la salud bucodental de los jubilados que perciben las pensiones más bajas. Alertó al personal del PP: “Cuando tengan la posibilidad de revertir la reforma de las pensiones lo van a hacer. Lo hicieron en 2013 y lo van a intentar hacer en el futuro”. Por eso mismo también reivindicó el blindaje constitucional del crecimiento de las pensiones vinculado al IPC: “Ahí me verán”.
Floro conoce perfectamente la vejez. Tiene 69 años y es un tipo que se siente joven. Lo confirma su dentadura, 32 dientes envidiables. También conoce la miseria y la droga. El hombre se adapta al Universo pero el Universo también se adapta al hombre. Ha visto a muchos tipos caer en el agujero y a otros tantos levantarse. Sabe que este país ofrece oportunidades y esperanzas. De esto van las elecciones locales. Ha conocido a gente joven con 70 años dispuesta a ir a la guerra, del mismo modo que ha conocido a hombres y mujeres que tenían la muerte grabada en el rostro con sólo 30 años. Me gusta la gente que ha visto la muerte de cerca. Estamos hechos de otra madera. Floro alertó contra la soledad, la otra pandemia generacional, prima hermana de la enfermedad y la miseria. Ayer la FSA habló de pensionistas, pero en realidad, de lo que habló fue de igualdad y de una reforma de pensiones que apuntala la igualdad social. De eso también van estas elecciones. De dignidad.
































