“El 25 de abril tiene que ser una gran movilización antifascista en Portugal”

Manuel Loff, historiador y ex diputado, participa en el Congreso sobre la Revolución Portuguesa que se desarrolla en la Universidad.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Manuel Loff (Oporto, 1965) es historiador y profesor de la Universidad de Oporto. Especializado en historia contemporánea, ha trabajado sobre el movimiento obrero, los fascismos, las dictaduras ibéricas y sus respectivas transiciones democráticas. Ligado desde su juventud a los movimientos sociales y los partidos de izquierdas, en la anterior legislatura fue diputado independiente en las listas de la Coalición Democrática Unitaria, la candidatura que aglutina al Partido Comunista Portugués y a sus aliados. Además de investigar y dar clases, colabora como analista en diferentes medios de comunicación y en colectivos como la Iniciativa dos Comuns. Esta semana participa en el Congreso sobre los 50 años de la Revolución Portuguesa que se celebra en la Universidad de Oviedo/Uviéu.

Un balance de las recientes elecciones

Es un resultado muy peligroso, y lo peor es que ha sido interpretado por el presidente de la República como el inicio de un nuevo ciclo. Realmente la derechización no es más fuerte que en otros momentos de la historia portuguesa, el 55% de los votos, pero la novedad es que dentro de ese porcentaje hay un 18% de voto de la ultraderecha, que yo llamaría incluso neofascista, que está disputando la hegemonía a la derecha tradicional. La apuesta de Chega para las próximas elecciones es ganar al PSD.

¿Pueden conseguirlo?

La disputa de la hegemonía de la derecha es más eficaz en Chega que en Vox. El PP siempre ha sido un partido más cómodo para los ultras españoles que el PSD para la ultraderecha portuguesa. El origen histórico del PSD es, por así decirlo, más parecido a la UCD española que a Alianza Popular. Es un partido que impulsan sectores centristas y aperturistas del régimen, algunos incluso que había roto con la dictadura. El PSD votó la Constitución de 1976, que tenía muchos aspectos socializantes, y la ultraderecha nunca se lo perdonó. Otra cosa es que por pragmatismo a partir de los 80 practicó cierto entrismo en el PSD, pero en 2018 se terminan marchando y forman Chega.

¿De dónde sale ese 18% de los votos de Chega?

Entre 2021 y 2022 el voto de Chega tuvo una composición social muy parecida a la de Vox. Los dos son partidos de pequeña burguesía resentida y con pánico al desclasamiento: autónomos, funcionarios, comerciantes… En general gente que ya era de derechas, pero que todavía se derechiza más. También hay ancianos y clases medias del sur rural, donde se ha producido un cambio muy grande en la última década con la llegada de miles de inmigrantes, sobre todo nepalíes y paquistaníes. Sin embargo en estas elecciones hay un cambio importante que es la irrupción de Chega entre los abstencionistas de los barrios obreros. Hay medio millón de votos que salen de ahí. Ha logrado ensanchar un voto de derechas tradicional extendiéndolo a los desesperados de las clases populares.

“Chega mira mucho más Bolsonaro que a Santiago Abascal”

¿Cómo lo ha conseguido?

Ha importado técnicas y discursos del bolsonarismo. Chega mira mucho más Bolsonaro que a Santiago Abascal. Del bolsonarismo saca la narrativa de la corrupción moral y la politización de la educación pública por la dictadura marxista y la ideología de género. La otra enseñanza le viene de Le Pen: abandonar el programa ultraliberal y adoptar una retórica social. Copian las propuestas de Partido Comunista, pero dicen que sólo para los portugueses. Han pasado de defender la venta de las escuelas públicas a pedir el aumento de las jubilaciones y de los sueldos de los funcionarios.

Manuel Loff en El Manglar, Uviéu. Foto: Kike Gallart

¿Qué ha pasado con el Partido Socialista?

Los socialistas lograron en 2022 la mayoría absoluta gracias a las medidas sociales y las políticas de bienestar que el Bloco y el PCP le obligaron a adoptar, pero cuando han tenido las manos libres han despilfarrado todo ese crédito y prestigio que se habían ganado revirtiendo los recortes de la Troika y han hecho una política muy neoliberal que ha producido mucho reaccionarismo. Si a eso le sumas el escándalo de corrupción de los colaboradores del primer ministro, el precio de la vivienda, la inflación… El PS está ahora mismo muy dividido. Este Gobierno tiene que negociar con la ultraderecha si la izquierda le vota en contra, y la dirección del PS va a tener dilemas permanentes sobre qué hacer. Si las cosas van mal a este Gobierno le irán bien a Chega, y si le van bien le irán mal al PS. Lo tiene complicado.

¿Es más caro vivir en Portugal que en España?

¿Por qué se ha disparado tanto el precio de la vida en Portugal?

Hay una tradición de sueldos bajos y explotación de la clase trabajadora que antes se compensaba por las prestaciones sociales del Estado, pero con la inflación y el precio de la vivienda disparado el nivel de vida ha caído mucho. En Portugal tenemos ahora un problema de vivienda comparable al de los años 60 del siglo XX, cuando no había vivienda pública. Si a fenómenos como el encarecimiento por el turismo y los nómadas digitales le sumas que desde los años 90 no se construye apenas vivienda pública tienes la explicación de esta subida.

“En Portugal tenemos ahora un problema de vivienda comparable al de los años 60 del siglo XX”

¿Por qué el PCP y el Bloco no logran capitalizar ese malestar?

Los últimos años del Gobierno de Antonio Costa hubo huelgas muy fuertes, pero mucha de esa gente a la hora de votar teme el regreso de la derecha y “vota útil” el PS. Tradicionalmente el foso en Portugal entre la socialdemocracia y los comunistas ha sido mucho mayor que en España o en Francia. Es un foso que se cava en la revolución portuguesa y que llegó hasta 2015. Sólo la devastación de la Troika iniciada por el PS de Sócrates, y continuada después por la coalición de derechas, permitió una reconciliación de las izquierdas, sobre todo a nivel social, en el “pueblo de izquierdas”, entre los votantes. Fue una sensación de alivio, de “por fin nos vamos a entender”. El acuerdo de izquierdas permitió entre 2015 y 2019 revertir los recortes, que fueron todavía mayores que en España, pero también relajó mucho la desconfianza tradicional de los votantes del PCP y del Bloco hacia el PS. Al final, ante la amenaza de la derecha mucho votante del Bloco y del PCP decidió votar al PS.

Casi parece que habla de España

También hay otro factor importante que es la emigración de universitarios hacia Francia, Suiza, Gran Bretaña y otros países. Con eso la izquierda no sólo pierde votantes sino también cuadros políticos y de movimientos sociales. Esa pérdida de jóvenes se está notando.

Manuel Loff. Foto: Kike Gallart

En España el 15M y Podemos da una sacudida social y política que no tiene comparación en Portugal: ¿por qué ante una crisis tan brutal no pasa algo parecido?

El 15M produjo en España un cambio cultural y social parecido al Mayo del 68. La evolución hacia Podemos, los Comunes, las Mareas fue muy sorprendente y ejemplar, pero en Portugal las huelgas y los movimientos sociales reforzaron mucho a los partidos de izquierdas ya existentes, quizá porque habían perdido mucho menos que en España el contacto con las calles. En Que se lixe a Troika, que fue un movimiento maravilloso, confluyó gente nueva, del PCP y del Bloco. Ahora hay un nuevo movimiento, Vida Justa, pero no está teniendo las misma repercusión.

“El 15M produjo en España un cambio cultural y social parecido al Mayo del 68”

¿Cómo valora las últimas elecciones españolas?

Me resultó muy sorprendente el resultado de las últimas elecciones. Sinceramente daba por hecho una victoria de PP y Vox. Ahora la aritmética parlamentaria que sale de las elecciones es muy complicada y fuerza a ir a un Estado federal. La resistencia va a ser muy grande. La derecha española es como la italiana, muy preocupante. No hay líneas rojas con Vox.

Foto: Kike Gallart

En las últimas elecciones el voto femenino, vasco y catalán jugó un papel clave. En Portugal no hay tensiones nacionales ni un movimiento feminista tan importante.

El tema nacional articula es verdad una resistencia antifascista en algunas partes del país, pero también alimenta el españolismo en otros lugares. El voto de Madrid por ejemplo se ha derechizado también por eso. En cuanto al feminismo es una singularidad de España. Es un movimiento internacional, pero en ningún lugar de Europa como España tiene una capacidad de articulación parecida. Además, la derecha española es muy confesional y sigue siendo incapaz de articular un feminacionalismo y un homonacionalismo que atraiga a más mujeres a sus filas presentándose como el refugio de los derechos feministas y LGTBI frente a la inmigración musulmana.

¿Qué futuro le espera a la izquierda?

Si sumamos el PCP, el Bloco y a Livre tenemos un 11%. Dudo que pueda bajar más. No tengo un discurso catastrofista. Creo que el 25 de abril tiene que ser una gran movilización antifascista en Portugal. Estamos convencidos de que va a ser masivo. Hay un ambiente de revancha muy fuerte contra la Revolución por parte de ultraderecha y la izquierda se va a movilizar.

¿Cómo van a celebrar esos 50 años de abril desde la derecha tradicional?

El Gobierno va a tratar de ser discreto y respetuoso con las conmemoraciones. Su tendencia es vaciarlo de contenido, aunque tal vez esta ocasión vayan al parlamento con un clavel rojo.

¿Habrá alguna vez confluencia PCP Bloco?

No creo. La confluencia en las votaciones en el Parlamento es prácticamente permanente. En el Parlamento Europeo, los diputados de los dos están juntos en el mismo grupo. Pero no creo que se evolucione hacia una coalición, un frente electoral. La tradición en la izquierda portuguesa, para el bien y para el mal, es la de la autonomía.

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