Doble Vania con humor

Una propuesta contra canon sobresaliente en todos los aspectos.

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Roberto Corte
Roberto Corte
Roberto Corte (Oviedo, 1962). Vinculado al teatro asturiano desde 1980, y ligado a la autoría y dirección en el ámbito escénico, en la actualidad colabora como crítico en revistas especializadas.

No es fácil escenificar a Chéjov. El irremediable paso del tiempo y la vida que se nos escapa poseen un halo trágico y una verdad cursi y hojaldrada difícil de transferir. El dogma reduccionista de los revolucionarios rusos defendió su teatro señalando que representaba muy bien la putrefacción de una clase social que anunciaba un futuro esperanzador. Pero cien años después nada queda ya de redención social en ese teatro que no sea decadencia crepuscular y nostalgia de un futuro inexistente. Pablo Remón lo exhibe cargado de una ironía y humor contemporáneo que tritura hasta sus indiscutibles y bellos pronósticos climático-ecológicos. Si yo abordase la crítica de su primer espectáculo con la misma deriva –se trata de dos versiones de la misma pieza– diría que estamos ante un Vania representado en la sala de espera de un ambulatorio, con Sonia en silla de ruedas con la pata quebrada (Marina Salas) haciendo una italiana con sus compañeros de reparto, mientras tratan de encontrar acomodo en unas sillas de plástico espantosas. Y que el resultado sería igualmente efectivo si lo hicieran en un garaje, un camping o cualquier otro lugar, porque el foco sólo se dirige a la excelente y poderosa voz de los intérpretes, con la intención de que desaparezca todo lo demás. La semántica escénica queda pues, subyugada exclusivamente a la voz y la palabra. Teatro conversacional brillantemente ejecutado, con mucha suspicacia y coña orgánica como característica. Vania en la calle 42, en otro sentido, abrió la espita.

En la segunda versión del Vania Pablo Remón, paradójicamente, acierta de la mejor manera al hacer hincapié no ya en el plus de ironía, sino al dinamitar el modelo chejoviano de roles y caracteres convencionales con hábitos referenciales de nuestra cotidianidad más chabacana. Su creatividad de desmarque y contraste no tiene desperdicio ni deja de sorprendernos por el mucho humor que producen el cruce de dos espacios y contextos bien diferenciados, una dacha del siglo XIX y una casa de hoy día en un poblachón manchego. Los excesos, a los que hay que sumar la gracia de una reescritura igualmente desestabilizadora hacen la delicia de los espectadores que se conocen el argumento, y aunque por momentos se acentúe el tono paródico y grotesco, también hay que reconocer que se alcanzan cotas de belleza y ambientación chejoviana donde el fracaso vital, los sentimientos agridulces, la frustración por el amor no correspondido y la angustia ocasionada por la vida provinciana, están presentes. El Vania de Javier Cámara protagoniza los instantes más hilarantes. Es un cruce entre Sancho Panza y Homer Simpson, se llama Iván Alarcón, luce gorra de la Caja Rural, bebe latas de cerveza, sueña con ganar MasterChef y se mosquea cuando le llaman Iván Petróvich desde el otro lado. Juan Codina resulta muy cómico encarnando a un escritor con aire siniestro empeñado en biografiar a Azaña a escala 1:1, es un ególatra hipocondriaco y siente total diferencia hacia quienes lo rodean. La Elena de Marta Nieto, seductora, casquivana y enigmática, sufre atrapada en un matrimonio infeliz. Laura Galán da vida a Sonia con mucha naturalidad, ternura y espontaneidad, lamenta ser invisible a los ojos de Astrov y acepta con resignación y pragmatismo su destino. Israel Elejalde está soberbio como doctor y profeta apocalíptico ya de vuelta de todo, cínico y mordaz y ahoga sus penas en el alcohol por la irritabilidad que le produce haber caído en las redes de la fascinante Elena. Y Manuela Paso es una criada terrenal y vacilona, con un deje sarcástico y desacomplejado, que ejerce de contrapunto perfecto a todos los personajes. Una propuesta contra canon sobresaliente en todos los aspectos, como ya ha señalado la crítica más cualificada. Estamos ante uno de los mejores espectáculos de la temporada.

Vania X Vania

Texto y dirección: Pablo Remón

Intérpretes: Javier Cámara, Juan Codina, Israel Elejalde, Marta Nieto, Manuela Paso, Marina Salas y Laura Galán.

Jueves 11 y 12 de abril, Niemeyer, Avilés

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