Ultras, polis y técnicas de iluminación

El PP corre como un cojo detrás de Vox y Vox detrás de Alvise: nadie quiere dejar a su derecha a alguien más tonto.

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Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

El PP corre como un cojo detrás de Vox y Vox detrás de Alvise. Nadie quiere dejar a su derecha a alguien más tonto. Todos corren hacia la idiotez. La degradación moral la tienen de serie. Lo nuevo es que cotice tanto la estupidez. Nacho Cano, de pura idiocia, se ve en una cuneta. Con lo que está saliendo de la policía patriótica es lógico el pánico a la poli. Pero Nacho Cano no entiende bien el asunto. Ser idiota no basta. Ayuso lo es, pero ofende, crispa, mastica una pasta de ignorancia y maldad que saca de quicio a los rivales, es otra cosa. Nacho Cano no odia como es debido, en vez de irritar hace el ridículo. Por eso, la mayoría de las réplicas a su bufonada son ironías y coñas. Él no carga las pilas al facherío. Eso sí ya hubo manifestación facha en Ferraz en apoyo a Nacho Cano, desnutrida, desganada, con banderas con toros y gritos indolentes que parecían psicofonías de difunto. Lo dicho, la astracanada cotiza alto en la fachosfera, nadie quiere dejar a su derecha a alguien más bobo y la costumbre de la sobreactuación altera la percepción del ridículo. Nacho Cano ilustra el propósito del negacionismo, una de las señas de identidad de los ultras asimilada por las derechas tradicionales. El negacionismo es algo más profundo que negar la redondez de la Tierra, la eficacia de las vacunas o el efecto del sol en la piel. El negacionismo es negar la validez de los canales de distribución del conocimiento. Sin canales no hay conocimiento. Lo que sabemos por experiencia vivida es muy poco, la mayoría de las cosas las sabemos porque nos las enseñaron, las leímos o nos las mostraron en mapas o vídeos. Si no valen esos canales, no hay saberes admitidos. El principio es lo de que vale tanto mi ignorancia como tu conocimiento. Nacho Cano había dicho que la lectura no es lo suyo, pero ¿por qué no va a ser tan respetable su ignorancia de la colonización de América como los conocimientos de los estudiosos? Si él dice que españoles y aztecas eran pasionales y que con semejante base se hicieron una sola raza, pues es tan respetable como un postgrado de historia. Es el prototipo de lo que busca la propaganda ultra: ignorantes despachaos que no necesitan saber nada para tener las ideas muy claras. La fama y el dinero lo hacen especialmente visible, un verdadero parque temático.

PP y Vox llevan tiempo chapoteando en el racismo patán de botijo y pañuelo de cuatro nudos. Ahora Vox chupeteando el palillo pega un puñetazo en la mesa del chigre y apestando a sol y sombra dobla la apuesta racial contra niños sin padres, que es como se es racista más de ley, poniéndolo todo perdido de testosterona y olor a choto. No vaya a parecer que Alvise es un racista más integral. Nadie más tonto a mi derecha. Ahora las derechas tendrán que gestionar el escenario. Aparentemente Vox dio muestras de coherencia. La coherencia es una de esas virtudes tramposas porque parece una virtud y tiene tanto de virtud como de vicio. Nos gusta ese aroma de integridad que transmite Bustinduy, por ejemplo (y cruzo los dedos), pero sobran ejemplos en que la coherencia, por lo que tiene de rigidez, acaba en dogmatismo o cerrazón. Miren con cuánta coherencia defiende Biden su candidatura a la Presidencia. Y no olvidemos que cada dosis de gas en las cámaras nazis o cada bomba de ETA eran actos coherentes. La cosa es que Vox es coherentemente racista y ni niños desvalidos, ni ayuntamientos, ni comunidades autónomas. Coherencia. Pero es un movimiento que abre muchas amenazas. Enric Juliana llama, con ese realismo indulgente y paciente que no es cinismo, «zonas de descanso» a esos apaños con los que los partidos colocan a los políticos que alcanzaron ciertas alturas. Esos apaños son como respiraderos, sin un futuro para los cargos públicos el aire se enrarece dentro de los partidos, es una de esas fealdades que el sistema no necesita, pero que lubrican sus engranajes. La cosa es que ahora muchos concejales, consejeros y vicepresidentes de Vox se quedan compuestos y sin cargo. Enseguida se notará que sube la temperatura dentro. En Extremadura ya torcieron el gesto. Hay otro elemento de desgaste. La derecha española está manchada de franquismo y nunca soportó no tener el poder ni reconoció la legitimidad del poder si no era suyo. Más aún, sin poder no tienen patria, no hay mal para España que por bien no venga si no gobiernan ellos. El odio a Sánchez es auténtico. Perder poder, poner comunidades y ayuntamientos en riesgo de caer en las garras rojas no es fácil de vender a su clientela. El racismo y el odio a unos cuantos chavales sin amparo es poco nutriente para alimentar tanta pérdida. Las soflamas de violaciones y saqueos de esos niños tienen una penetración limitada en un país que es de los más seguros del mundo.

PP y Vox llevan tiempo chapoteando en el racismo patán de botijo y pañuelo de cuatro nudos

Tampoco es fácil para el PP. Sin el terrón de azúcar de los cargos, todos esos diputados y concejales ultras son como simios indisciplinados y tendrán difícil gobernar, más allá del embeleso por los toros y de bajezas con la memoria histórica. Habrá desgaste y vender el episodio como moderación a la vez que se rivaliza con la extrema derecha en disparates ultras será difícil. Acabarán no odiando a la izquierda como es debido.

Abascal consiguió, de todas formas y por unos días, la chicha de la política: el foco. No solemos pensar con nuestros conocimientos, sino con lo que tenemos en la cabeza, con los datos transeúntes que nos vinculan con lo que estamos viviendo. Es una forma de procesar con rapidez, eficiencia y poco gasto. Una parte esencial de la política son las técnicas de iluminación, el control de los temas que tengan visibilidad en cada momento. Ellos serán lo que tengamos en la cabeza, el material con el que pensemos. Es una parte esencial y desdichada de la política. Es la razón por la que la actualidad está más llena de episodios con marca emocional que de episodios relevantes. Ahora está en el foco si niños sin padres venidos de otras partes traerán olas de pillaje y violaciones. Justo la semana en que se nos dan detalles de lo que ya sabíamos. Cuerpos armados españoles estuvieron trabajando, por orden del gobierno del PP, para espiar y fabricar falsedades sobre diputados de Podemos. La trama financiera delincuente por la que se financió el PP y la trama de espionaje y manipulación sobre Podemos y los independentistas confirma que las elecciones en España son muchas veces fraudulentas; que, si hubo gobiernos ilegítimos en España, no fueron los de Pedro Sánchez, sino los del PP; que una parte del tejido del estado actúa en los procesos electorales y las situaciones intermedias para afectar a la opinión pública; que el desvergonzado lawfare que estamos presenciando (por favor, que no se me desmayen asociaciones de togados carcas y progres; no ofendan nuestra inteligencia) es una continuación. Vallín y Gomá subrayaron una de las fortalezas de la democracia liberal: el estado, el sistema, no da respuesta ni calificación moral a los conflictos. La democracia es un espacio en el que los conflictos son legítimos. Lo que nos pone delante de los ojos la actuación policial sobre Podemos es que la democracia está siendo atacada desde el interior del estado. El problema es que el asunto de la policía corrupta no es de actualidad, porque no señala a nadie con máximas responsabilidades en activo o con liderazgo y pretensiones. El tal Jorge Fernández Díaz acumula las mayores infamias morales y legales, fue una planta venenosa al frente de la seguridad del Estado plantada en su maceta del Opus Dei. Pero quién es el tal Jorge, quién tendría que dimitir de qué, sobre quién caerían los zascas. Pólvora mojada. Los focos y correspondiente material de pensamiento alumbran otras cosas, tan pintorescas como la peligrosidad potencial que anuncia el color de la piel. Si los partidos progresistas siguen siendo reactivos a cada brutalidad ultra y siguen sin saber cómo abrir crisis políticas contra la derecha, lo que alumbren los focos será cada vez más los desvaríos enloquecidos de los fachas y quedará en sombra y sin afectar a las valoraciones de la población los ataques a las libertades. ¿Quién se acuerda y a quién le importa que Juncker confirmara que Syriza, y no la Troika, tenía razón con la deuda griega? Pelillos a la mar.

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