¿Un Nuevo Frente Popular Asturiano?

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Nicolás Bardio
Nicolás Bardio
Es politólogo, escritor y creador de juegos de rol.

Vaya por delante que me declaro absoluto partidario del sistema democrático parlamentario, de las leyes electorales proporcionales y con listas de candidatos, de las circunscripciones ‘grandes’ con muchos escaños que puedan representar al mayor número posible de partidos, de las negociaciones y consensos inherentes a estos sistemas basados en el diálogo y la inclusión, y no en el conflicto de ganar/perder. La democracia no es sólo el gobierno de la mayoría, es el respeto de la minoría, a la diversidad y al pacto. Y a pesar de todo ello. ¿No es quizás el momento de pensar en Nuevos Frentes Populares?

Asturies no es Francia, desde luego. De hecho el sistema francés tiene pocas de las virtudes del que enumeraba antes. Las mayorías son artificiales, los electores votan por lo menos malo, las lógicas son de ganar/perder y rara vez de consensuar y el gobierno puede usar un artículo de la constitución (el 49.3 concretamente) para aprobar sin votación cualquier texto. Y sin embargo, el Nuevo Frente Popular que se armó para pararle los pies a la extrema derecha francesa merece una reflexión desde aquí. En poco más de dos semanas se armó una coalición desde los ecologistas hasta los comunistas pasando por La Francia Insumisa, el Partido Socialista o el Nuevo Partido Anticapitalista; un NFP que no dejó a nadie atrás, al menos a prácticamente nadie que fuese de izquierdas. El caso es que el proyecto funcionó en la Francia de 2024 como ya lo había hecho en la de los años 30. La izquierda no tiene mayoría en la asamblea, pero es la primera fuerza política y, sin duda, estará presente en el próximo gobierno francés.

La diferencia de Asturies y Francia

La situación en Francia es bastante distinta de la de Asturies, desde luego. Había allí dos buenos argumentos para unirse toda la izquierda: La ley electoral y la necesidad de parar a la ultraderecha. El primer argumento, la ley electoral, es fácil de entender: sólo pasan a la segunda vuelta las candidaturas más votadas, por lo que tener una panoplia de 5 ó 6 candidaturas de izquierda no favorece a ninguna de ellas. Los partidos políticos de la izquierda francesa se repartieron así, en función del peso de cada uno, las distintas circunscripciones electorales que había en juego. El otro argumento para unirse, es poder frenar a la extrema derecha: Una izquierda fuerte y que se clasifica para la segunda vuelta aumenta las posibilidades de vencer de la extrema derecha y aumenta también las posibilidades de que las segundas vueltas no sean entre la extrema derecha y otro partido, sino entre partidos democráticos.

Adrián Barbón y Ovidio Zapico. Foto: Iván G. Fernández

¿Y qué hay de Asturies? ¿Tenemos los mismos argumentos para formar aquí un “Nuevo Frente Popular” de toda la izquierda? Lo cierto es que el segundo argumento, el pararle los pies a la extrema derecha, es aquí muchísimo más importante que allí. Mientras que en Francia los demás partidos democráticos de centro (Renaissance) y de derecha (Les Républicains) son escrupulosamente antifascistas y tienen claro que nunca y bajo ningún concepto se le puede dar poder a la extrema derecha, no es el caso en Asturies. En conceyos como Xixón o Tinéu, observamos que tanto el PP como Foro no tienen ningún problema en formar gobiernos y repartir carteras con la extrema derecha. Frente a esta situación, el argumento francés de formar una coalición de partidos para reducir las posibilidades de que los extremistas entren en el gobierno es aquí incluso más pertinente que allí. El otro argumento, la ley electoral, es menos fuerte. En las elecciones parlamentarias asturianas hemos visto que tanto PSOE, como Convocatoria por Asturies como Podemos obtuvieron representación política. Esto podría llevarnos a pensar que ‘no necesitamos’ un frente electoral y que es suficiente – como está ocurriendo – con formar este frente político ‘después’ de las elecciones, y articularlo mediante votos de investidura, como ocurrió cuando Adrián Barbón obtuvo 23 escaños frente a los 22 de la extrema derecha y quienes pactan con ella.

La madurez democrática de las izquierdas:

La mayoría de electores de izquierda prefieren votar por su propio partido. Los electores de Podemos quieren votar a Podemos, los de la FSA a la FSA y los de Convocatoria a Convocatoria. Pero da igual a quiénes quieran votar o hayan votado, los electores de los tres partidos tenemos algo en común: preferimos cualquier opción antes que permitir que coaliciones con la extrema derecha gobiernen nuestros conceyos y nuestra autonomía. Además, la colaboración entre fuerzas progresistas ya se plasma en muchos niveles de poder. En estos momentos existe un gobierno de coalición en Asturies y en España así como en muchos conceyos de Asturies. De todos ellos, el más poblado de los gobernados por la izquierda, Avilés, tiene un gobierno tripartito. La madurez tanto de los dirigentes de las distintas fuerzas como de los propios electores ha sido más que probada. A pesar de las diferencias – lógicas y sanas – que puede haber y que de hecho hay entre todas las formaciones, lo cierto es que todas tienen claro que es fundamental y vital (en el pleno sentido de la palabra) para Asturies el impedir gobernar a alternativas que incluyan a la extrema derecha.


Hacia alianzas quirúrgicas:

Así, cabe plantearse la creación de coaliciones que incluyan a los partidos de izquierdas al modo del NFP francés. No sería algo nuevo en España, ni siquiera en la España posterior a 1978. Antes de que la izquierda catalanista se lanzase al Procès, ya existía una Entessa Catalana de Progrés, que funcionó como una coalición electoral en el Senado. Como en cada provincia se eligen 4 senadores, 3 para la fuerza más votada y 1 para la segunda fuerza, la ausencia de esta Entessa, haría que CiU fuese la fuerza más votada en, por lo menos, 3 de las 4 provincias catalanas. Esto habría dejado al PSC con 6 senadores y a CiU con 10. Sin embargo, gracias a la Entessa el PSC se llevaba 8 (el doble), ERC 3 e ICV 1. CiU pasaba de 10 a 4. La Entessa senatorial no impidió a ERC, ICV y PSC presentarse por separado en el congreso y defender cada uno de ellos sus ideas donde todos tenían opciones de salir; pero sí permitió que Cataluña contase con más representantes progresistas en aquel momento. ¿Podemos nosotros hacer algo parecido en Asturies? En mi opinión sí, y creo que donde más importante es hacerlo es tanto en “las alas”, donde Podemos e IU sólo sacaron escaños una vez a lo largo de los últimos 30 años como en el propio senado. De los 4 senadores que votan los asturianos, hoy el PP tiene 3 y el PSOE 1. De haber habido un “Frente Popular” podría haber 2 socialistas y uno de Sumar.

Cartel del Nuevo Frente Popular

Además, existen muchos otros escenarios donde puede ser interesante plantear frentes populares específicos. ¿Conceyos donde un partido de izquierdas no consiguió entrar en el consistorio por no alcanzar el 5%? No son pocos los que hay. Sin embargo, quizás donde más esté en juego y donde más fácil sea plantear una coalición de este tipo, sea en “Las Alas”. En la circunscripción occidental y en la oriental la FSA ganó por la mínima la última vez. Además, en esta última, VOX estuvo a punto de arrebatar a la FSA un escaño. Mientras tanto, tanto la candidatura de Podemos como la de Convocatoria se quedaron a miles de votos de distancia de un escaño. Dada la coyuntura tan negativa a los valores de izquierda, no estamos para rechazar ningún voto. Esto podría hacerse a través de plataformas en las que se pactase la lista o, lo que a mí me parece una mejor idea, directamente hacer listas conjuntas colocando en el “escaño en juego” a las fuerzas a la izquierda del PSOE.

Dada la amenaza de la extrema derecha y la necesidad de maximizar la representación progresista, es hora de considerar seriamente la formación de un Nuevo Frente Popular Asturiano. Las diferencias entre los partidos de izquierda son lógicas y sanas, pero la unidad en momentos críticos es vital. Solo así podremos asegurar que Asturies avance hacia un futuro más justo y democrático, donde las fuerzas progresistas puedan gobernar sin la sombra de la extrema derecha.

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