Este sábado a las 20 horas, en la Antigua Escuela de Comercio y en el marco del Festival Internacional de Cine de Xixón (FICX), se estrenará “La imperfección y la paciencia”, una película premeditadamente alejada, desde su mismo título, de cualquier ambición comercial. “Vamos a poner a prueba la paciencia del espectador contemporáneo”, se ufana el ensayista Michel Suárez, que ha dirigido y producido la película junto a Álex Zapico.
El largometraje, de una hora de duración, está grabado íntegramente en el taller de sastrería de la familia Campal, “un reducto premoderno” en el mismo centro de Nava. “Encontrar una familia de artesanos, con una transmisión del oficio entre generaciones, es una rareza”, explica Suárez. Lo que se encontró al descubrir este taller, continúa, “encajaba con los temas que estaba estudiando: la degradación y desaparición del trabajo manual, la degradación de los objetos y su pérdida de calidad”. Todo ello, a su vez, está inspirado en el pensamiento de William Morris, uno de los héroes intelectuales de Suárez. Una cita del escritor británico abre la película: “Nada deberá ser hecho con el trabajo de un hombre que no merezca ser hecho, o que deba hacerse por medio de un trabajo degradante para sus artífices”.
Para Suárez, como para Morris, los Campal representan “en esta época tan bajamente material como la nuestra, una manera distinta de relacionarse con las cosas en un mundo que se ha desmaterializado”. Sastres, panaderos, carpinteros, zapateros, jardineros…todos esos oficios artesanos que “nos recuerdan lo mucho que nos hemos alejado del trabajo creativo en beneficio de máquinas y algoritmos”. Son ellos quienes, frente a la máquina, crean “formas que singularizan a sus prendas y a sus clientes”.



Formas y prendas singulares, y por tanto imperfectas, elaboradas con mucho tiempo y paciencia. De ahí el título de la cinta, inspirado en una máxima del escritor y crítico de arte victoriano John Ruskin: “La característica del trabajo artesano es la paciencia y la imperfección. Quienes no poseen paciencia, saltan de una novedad a otra y acaban en la fatiga”. Respecto a la imperfección, reflexiona Suárez, se trata de un rasgo “esencial al ser humano, una señal de vida. Las prendas de los Campal están llenas de irregularidades, pero son esas imperfecciones las que aportan el sello del autor. La perfección es frialdad”.
El lenguaje estético de “La imperfección y la paciencia” es congruente con el espíritu de la película. “Desde el primer momento pensamos que teníamos que adaptarnos al formato artesanal, y volvimos a los orígenes de los hermanos Lumière: encuadre, cámara fija, y planos largos”, cuenta el director. El filme, rodado en blanco y negro, cuenta con la música del álbum “De sópitu”, de los langreanos Forma Antiqva. Los títulos son obra de la maestra calígrafa Esperanza Serrano, que ha creado unas letras modernistas para la película.
“Tenemos gente trabajando a mano, músicos tocando instrumentos hechos a mano y unos títulos hechos por una maestra calígrafa”; concluye Suárez, “así que la película no deja de ser un homenaje al pensamiento manual, al mundo del silencio y la atención”.
































