El tiempo electoral casi nunca es el tiempo de las personas. Y si la cosa viene determinada por “un cálculo” para adelantar fechas y buscar pillar a contrarios en posición incómoda, entonces menos, porque sigue sin sustentarse en las personas, sino en los algoritmos calculadores.
En cualquiera de los casos las mayorías absolutas del PSOE y el caciquismo gubernativo derivado parecen haber concluido en Extremadura, lo mismo que la presencia abundante de la extrema derecha va a seguir determinando, para mal, a las personas de dentro y de fuera.
De fuera también, pues siempre ha sido la tierra extremeña lugar de expulsión de sus habitantes, con periodos en que había casi más personas nacidas en las provincias extensas de Badajoz y Cáceres, fuera, que dentro. O al menos así lo fue en las emigraciones masivas de los años 60 y 70 del llamado desarrollismo del anterior siglo. Pero también en siglos anteriores, cuando gente extremeña capitaneaba la invasión a lo que iba a convertirse en Latinoamérica.
Una parte, pequeñita, de esa movilidad humana, iba a llegar a tierras asturianas, cuando sobretodo la siderurgia y la minería precisaban de mano de obra. Y por aquí andamos.
Hay comparativas que resultan odiosas, y las hay que permiten acercar lo que de común tienen comunidades como Asturias y Extremadura, empezando porque ambas celebran su día, el 8 de septiembre.
El número de habitantes es similar, ligeramente por encima del millón, solamente que en el caso extremeño hay que repartirlo en una superficie 4 veces mayor, lo que da unos niveles de “vaciado” rural muy abundante.
La renta por habitante es menor en el caso extremeño, como mayor es el índice de paro. O sea es más pobre. Y sin embargo las cantidades y porcentajes dedicados a las políticas de cooperación han sido el doble y más, en Extremadura que en Asturias, en la última década.
Expresiones culturales comunes son conocidas, o menos, pero derivado seguramente de tiempos de trashumancia y otros intercambios humanos y económicos, resultan expresiones lingüísticas con un palabrero que se asimila, en la llingua y en el estremeñu que se decía castúo.
De ello podría darnos fe la recientemente fallecida profesora de lengua en la UniOvi, Inés Illán, no en vano había nacido en Don Benito, provincia de Badajoz.
En mi caso me nacieron en las estribaciones serranas, y cerca del Valle del Tietar, en la ahora muy conocida (por aquello del pimentón y de las buenas rutas turistizadas) Comarca de la Vera, lindando por arriba con Gredos y con la provincia de Ávila. Una de las “leyendas” de la comarca, la Serrana de la Vera, ha sido conocida por el realizador astur Marino Franco, que la ha trasladado a uno de sus cortos: La Serrana, una historia de putas, sirve de denuncia a la trata, con imágenes “de época”de la supuesta humillación a la serrana verata, (y con actrices y actores con protagonismo político y social, como la actual conseyera de salud, o uno de los sindicalistas destacados de Comisiones).
Mi familia campesina, pero sin tierras, junto con los tíos y tías (los que no emigraron a Cataluña o Alemania), cultivaron y se especializaron en el regadío
Mi familia campesina, pero sin tierras, junto con los tíos y tías (los que no emigraron a Cataluña o Alemania), cultivaron y se especializaron en el regadío, en el citado pimentón y en el tabaco, tanto en la propia Vera, como en la comarca (lejana en aquella época que llevaba todo un día para llegar, aunque solo fuesen 100 km) de la Sierra de Gata, en cuyos valles el franquismo experimentó también con el regadío, “colonizándolo” con campesinado experimentado de La Vera.

Y relacionado con el campo iba a ser el bachillerato que cursaría por 7 años, gracias a una beca escolar, en el Instituto Laboral de Trujillo, con uno de cuyos alcaldes últimos la clase obrera está en deuda, por haberse equivocado al pulsar el botón en el Congreso y haber favorecido las leyes laborales benéficas.
La parte teórica de los estudios se dictaban en uno de los numerosos palacios de la villa, pero la parte “laboral” o práctica se hacía en un recinto a dos kilómetros, cerca del entonces famoso “Hotel el Conquistador”, solamente que al ser ya la última promoción de ese bachiller laboral, las instalaciones estaban precarias y en abandono.
Pero tal aprendizaje bien aprovechado, junto a la mejor enseñanza práctica en las largas vacaciones trabajando en el campo en Moraleja del Peral, serían una buena y esencial base para convertirme en profesor del Instituto Agropecuario de Jalapa, en la Nicaragua de los 80, en plena guerra entre la revolución sandinista, y los EEUU y la “Contra”.

Y si un extremeño (como tantos otros) llegaba a Asturias a picar carbón, y coincidía en ese tránsito casual de necesidad de mano obra externa con varias decenas procedentes del Sahara, también vería cómo ante la traición franquista a los pobladores de la “provincia 53”, aquellos saharauis en su mayoría regresarían a su tierra y su desierto a incorporarse al movimiento nacional armado que respondió a la traición española y a la invasión marroquí.
Cualquiera que visite ahora las comarcas de La Vera y las otras que siguen produciendo el pimentón y el tabaco, podrá ver el cambio sociológico experimentado: son ahora sobremanera familias marroquíes, mano de obra migrante, quienes realizan las duras tareas del campo que 50 años atrás hacían nuestras familias. Lo cual permite y propicia nuevas explotaciones laborales, y que el esquema de propiedad de la tierra no cambie, y siga en las mismas manos.
Contra esa desigualdad obscena, cuenta la historia, se habían levantado masivamente las gentes campesinas en varios escenarios históricos; especialmente al calor del triunfo electoral del Frente Popular en el febrero del 36. Por ello sigue vigente la demanda y propuesta de situar allí “el día de Extremadura”, en el 25 de marzo que recuerda aquella épica movilización de 80.000 yunteros extremeños ocupando tresmil fincas.

Y por eso también fue tan cruel la represalia, cuando los señoritos finqueros, vengativos, arriaron a toda la caterva militar al mando de Yagüe para producir la horrenda represión franquista, con expresión máxima en la matanza en la plaza de toros de Badajoz.
Esos y otros hechos históricos abominables son los que han querido ser borrados, mediante leyes pactadas entre derecha y extrema derecha en la Asamblea de Extremadura, que ahora vuelven a las andadas del refrendo en el voto.
Y esa “repetición” de alianzas crueles es la que está en juego este domingo. La que propugna la desmemoria, frente a quienes, de forma pedagógica elemental, apelan a los valores y las construcciones colectivas extremeñas, unidas, para ponerlas al servicio de la humanidad, y no de los insaciables hacendados.
































