Ignacio de Llorens es historiador y filósofo. Nos citamos con él para conversar sobre un libro que acaba de publicar y que condensa investigaciones realizadas de manera interrumpida a lo largo de varias décadas: La vida brillará sobre el acantilado. Volin (V. M. Eijenbaum) (KRK ediciones). Se trata de la primera biografía de este anarquista ruso con una vida tan fascinante como desconocida, elaborada en parte a través de testimonios de personas cercanas a él, como su hijo Leo, y de documentos inéditos. Volin, pseudónimo tomado del término ruso volia, que significa “voluntad”, fue el impulsor del primer soviet en San Petersburgo en 1905; consiguió escaparse de Siberia, donde había sido condenado por el zarismo; se vio obligado a exiliarse en Estados Unidos por su compromiso antimilitarista en la Francia de la Primera Guerra Mundial; fue protagonista de la revolución campesina y libertaria de Néstor Majnó en Ucrania; sufrió la represión de los bolcheviques y Trotski llegó a ordenar su ejecución; salió de la cárcel gracias a la intervención de un delegado de la CNT, pero se le expulsó de Rusia a perpetuidad; dirigió un periódico antifascista en apoyo del bando republicano en la guerra civil española y escribió La revolución desconocida. 1917-1921, su gran obra publicada póstumamente en la que desarrolló una crítica implacable de la revolución bolchevique desde una óptica anarquista. Como siempre sucede con los mejores libros, este de Ignacio de Llorens también es el fruto de una obsesión sostenida en el tiempo.
¿Por dónde podemos comenzar a adentrarnos en la figura de Volin y en su biografía?
Volin era eso que se suele llamar un niño bien, de familia ilustrada, con padres médicos y de origen judío. De joven perteneció a la última oleada de los narodniki [populistas rusos], que iban a los pueblos a instruir a gente que había sido sierva hasta hacía poco tiempo. En su caso, la acción pedagógica no fue a los campesinos, sino a los obreros de la ciudad de San Petersburgo, donde estaba estudiando Derecho. Abandonó sus estudios para dedicarse a educar a esos trabajadores que empezaba a conocer en la ciudad. A raíz de la revolución de 1905, su grupo de enseñanza se acabará convirtiendo en el primer sóviet. Entonces Volin se integra en un movimiento político revolucionario amplio que intentará cambiar la sociedad y solventar las injusticias y ese va a ser el sentido principal de su vida. Volin comienza a tener contacto con el Partido Socialista Revolucionario y más tarde, en un proceso judicial que no está muy claro, le descubren una pistola y las autoridades zaristas le condenan a prisión perpetua en Siberia. Él se escapa y se va al exilio, a París, donde empieza a derivar hacia el pensamiento anarquista, muy influido por la lectura de Kropotkin.
Fue alguien que tuvo un papel preponderante en la creación del primer soviet en 1905.
Sí, en efecto. Los soviets son una creación original del proceso revolucionario ruso. Podemos decir que Volin es el creador del soviet, junto a un grupo de trabajadores que estudiaban con él. Eran estudiantes obreros adultos y tuvieron la necesidad de pasar a la acción. El régimen zarista se podía cambiar y era el momento de comprometerse. Esto lo hace la propia gente, no pasa a través de partidos ni de una institucionalización política “normal”, sino directamente por acción de los interesados, que en este caso eran, los iniciadores, trabajadores de San Petersburgo. El soviet se va a mantener como una estructura de autoparticipación de la gente e incluso va a extenderse, no solo a los núcleos urbanos de trabajadores, sino también rurales y de soldados. Era la manera lógica de organizarse de los movimientos de protesta social. El soviet es un consejo y tiene una estructura mínima a efecto de que siga manteniendo la originalidad de que sea la gente quien va solventando por sí misma sus inquietudes políticas. Quien realmente está haciendo el proceso de derribar al zarismo son los soviets. Trotski dirá que la revolución de febrero de 1917 les sorprende a todos en el exilio y que nadie creía que iba a suceder por entonces. Fue una revolución espontánea protagonizada y creada por la propia gente.
¿Qué sucede para que en tan poco tiempo un revolucionario de primera hora termine siendo perseguido y represaliado por los propios bolcheviques?
La revolución de febrero fue una revolución espontánea, de los soviets, que se va extendiendo como la pólvora a partir de una serie de huelgas. En ese momento empiezan a llegar del exilio los principales políticos (Lenin, Trotski, Volin, Kropotkin) para participar en un proceso que no consiste solo en la creación de un Estado democrático, sino en el que también están en juego las proyecciones utópicas que cada uno de ellos albergaba para la sociedad. Empieza a haber unas luchas revolucionarias que van más allá del Estado democrático que había nacido en febrero. La revolución de octubre del 117 es de hecho un golpe de Estado y entroniza un poder, llamado soviético para mayor confusión, que va a acabar siendo la primera forma de un Estado totalitario que se conoce en el siglo XX. El partido bolchevique, que ha dado el golpe en octubre, se instala en el poder desoyendo al resto de partidos y sin contar con la mayoría de la población, como quedó de manifiesto en las subsiguientes elecciones. Se instaura en el poder guiado por una ideología en virtud de la cual hay que imponer la liberación a los liberados, aunque ellos no quieran, y no quieren porque el pueblo que no les respalda mayoritariamente tiene una conciencia alienada y desconoce las bases científicas del desarrollo humano. Con esta “justificación” ideológica los grupos que están en contra del nuevo Estado soviético serán represaliados y van a parar a la cárcel. En el caso de Volin, su militancia anarquista le va a llevar a ser especialmente perseguido.
A continuación, Volin se traslada a Ucrania. ¿Cómo y por qué llega a parar allí?
Volin se desanima porque en los grupos anarquistas en los que se movía todo eran querellas y discusiones. Finalmente se va a Ucrania. Allí está naciendo un proceso revolucionario de campesinos vinculado a la figura de Néstor Majnó, que llegó a conformar un ejército insurreccional de más 30.000 soldados.
Ucrania había sido cedida a las potencias de ocupación de la Primera Guerra Mundial por los pactos de Brest-Litovsk, que habían hecho Lenin y Trotski en contra de la mayor parte del propio Comité Central de los bolcheviques. A Volin van a buscarle a Rusia los compañeros anarquistas ucranianos para crear una organización que será Nabat. Se traslada a Ucrania con ellos y en esa organización intenta defender su concepción del anarquismo, que es la “síntesis anarquista”: evitar las querellas internas y buscar lo común para hacer un frente que permita impulsar un proceso revolucionario exitoso. En Ucrania pronto conocerá a Majnó. Giuliai Pole, el pueblo de Majno, es el epicentro de un movimiento de rechazo a las tropas de ocupación austrohúngaras. Los campesinos empiezan a unir las tierras, a crear comunas y se inicia un proceso revolucionario. Al mismo tiempo se van armando como ejército insurreccional. Volin confluye con Majnó y trabajan juntos. Está seis meses dentro de la estructura majnovista al cargo de cuestiones culturales: creación de escuelas, revistas, libros, conferencias y bibliotecas, intentando organizarlo todo de una manera libertaria. Solamente está seis meses porque enseguida lo detienen.

Aunque al principio existiese una colaboración entre ambos ejércitos para luchar contra enemigos comunes, finalmente los bolcheviques consideran que tienen que desarticular al movimiento libertario de Majnó.
El ejército majnovista propicia la creación de comunas de campesinos que se organicen por sí mismos. Es un modelo libertario, horizontal, al margen de dirigentismos. Los bolcheviques consideran que tienen que destruir ese modelo de campesinos anarquistas y someterlos a las nuevas estructuras de poder, de ahí que se conviertan en enemigos. Las relaciones van a ser siempre muy conflictivas y el ejército rojo nunca los va a acabar de aplastar, porque el ejército majnovista les sirve como vanguardia para luchar contra las tropas del ejército blanco,que ayudado por potencias internacionales, quieren la restauración del zarismo. La táctica de guerrillas de Majno iba de maravilla para atacar a esos ejércitos y a los bolcheviques les va a ser muy útil militarmente. En ese momento les dan armas. Al cabo de un par de años, cuando desaparece el peligro, los bolcheviques no iban a respetar la existencia de una amplia zona de comunas anarquistas que no obedecieran a su modelo. Querían destruirlas y así lo hicieron en el año 1921.
A Majnó se lo vio casi siempre de una manera muy crítica y negativa. Lo presentan como un degenerado. Incluso se habían hecho películas soviéticas donde lo pintan como una especie de bandido loco que aterrorizaba a la gente. Tiene una gran leyenda negra, que ha empezado a romperse en los últimos tiempos, con la caída de la URSS. Aunque su figura está sometida siempre a debate por la aparición del diario de [su ex-compañera] Gala Kuzmenko, donde cuenta excesos que habían hecho los soldados de Majno llevados por el alcohol y la brutalidad, abusando también ellos, en contra de sus propios presupuestos, del poder que adquirían.
Dedicas un capítulo completo a la relación entre Volin y Trotski, dos figuras que coinciden a lo largo del tiempo en diferentes países. En abril de 1917 se produce entre ellos una conversación premonitoria en una imprenta de Nueva York.
Esa especie de vida cruzada con Trotski es uno de los aspectos más interesantes de la biografía de Volin. Ambos eran judíos, gente educada intelectualmente hablando y participan en la creación del primer soviet. Los dos son condenados a Siberia por el zarismo en el año 1906 y ambos se escapan, cada uno por su cuenta: Trotski en un trineo y Volin andando. Los dos van al exilio y se volverán a encontrar en una imprenta de Nueva York, cada uno haciendo su revista. Hay una discusión en la cual Volin le dice: “cuando lleguéis al poder a los primeros que vais a eliminar es a nosotros, los anarquistas. Os superamos por la izquierda y eso no lo vais a aceptar”. Trotski se queja y le dice que los bolcheviques no son diablos. Con el paso del tiempo, cuando Volin es detenido en Ucrania, sus captores no saben qué hacer y le piden instrucciones a Trotski. El telegrama que llega de Trotski es fulminante: “fusílenlo inmediatamente”. No lo hicieron y pudo escaparse, pero la idea de Trotski era efectivamente eliminarlo. Lenin también llegó a decir que era demasiado inteligente para estar libre. Volin era un opositor serio, por la izquierda y además con una salida al mar social que eran las revueltas de Ucrania y de Kronstadt, la tercera gran revolución que fue abortada por Trotski y por el ejército soviético porque hubiera puesto en cuestión las bases del Estado que estaban creando los bolcheviques.
En este nuevo tránsito que hace Volin de la cárcel al exilio intervienen, por motivos diferentes, tanto Lenin como una delegación de la CNT española.
Volin va siendo arrestado y se le pone en libertad, según la coyuntura política, por los pactos que hace Majnó con Lenin, pues Lenin necesita todavía de Majnó para atacar a los ejércitos blancos. En una de esas, Volin es puesto en libertad e inmediatamente se le vuelve a detener sin condena y sine die. Es cuando Lenin se plantea que es un tipo demasiado peligroso para dejarlo ir. La posibilidad de salir de la cárcel que tienen Volin y otros compañeros fue gracias a los congresos que se celebraban en Rusia de la Tercera Internacional. Llegaban delegados de fuera, socialistas y algunos más o menos simpatizantes de los anarquistas, y conocían el problema: había un montón de anarquistas que estaban presos.
El que actúa de una manera más brillante para conseguir que Volin y otros compañeros suyos salieran de prisión es uno de los delegados de la CNT. De la CNT habían ido cuatro delegados: Nin, Maurín, Arlandís e Ibáñez, que era asturiano. Eran todos marxistas e iban con la idea de entregar la CNT a la Comintern. En esa época, la CNT estaba en la clandestinidad y sus principales miembros habían sido eliminados por el pistolerismo patronal o estaban en la cárcel. Hubo una especie de vacío orgánico. Andreu Nin era el Secretario y fue delegado de la CNT, este grupo llegó a Rusia y efectivamente adhirió la CNT a la Tercera Internacional. En el último momento, los grupos anarquistas de Barcelona consiguieron meter en la delegación a un compañero francés, Gastón Leval, pagándole el viaje. Eso fue un acierto para Volin, porque es quien le va a sacar de la cárcel. Gastón Leval va a ver a Volin a la cárcel y es quien se toma más en serio su liberación. Se entrevista con Lenin y con Trotski. Trotsky se agita mucho, llega a coger a Leval por la solapa y le empieza a insultar, pero finalmente, ante el posible escándalo internacional que podían armar esas delegaciones, decidieron soltarlos. A los opositores los eliminaban o los expulsaban y a este grupo decidieron expulsarlo. Volin y otros anarquistas se van al exilio a perpetuidad.
El libro incluye un capítulo dedicado a la guerra civil española, en la que Volin también se involucró intensamente, aunque fuese desde la distancia.
El exilio fue muy duro para todos, pero especialmente para aquellos que no conocían otras lenguas que no fueran la rusa o la ucraniana. Es un tema muy triste de estudiar. Hay casos sonados como el de Yarchuk, que es el primer historiador de la revuelta de Kronstadt. No se aclimata ni a Berlín ni a París, vuelve a Rusia y lo matan al cabo del tiempo. O el caso mismo de Arshínov, que es muy doloroso porque era el gran historiador del movimiento majnovista. Arshinov había hecho de mentor a Majnó y finalmente va evolucionando hacia el bolchevismo. La evolución está sometida a debate porque algunos historiadores piensan que en el fondo era una maniobra que hacía para infiltrarse en el Partido Comunista, pero es completamente absurdo. Arshínov tiene textos donde abjura del pensamiento anarquista, pide disculpas y calumnia o trata mal al movimiento majnovista que él mismo había ensalzado en su libro. Volin es un resistente a ese mal del exilio.
Una de las cosas más curiosas y lamentables que suceden en ese exilio es el enfrentamiento entre Majnó y Volin. Volin fue siempre crítico con el propio movimiento majnovista. Consideraba que era una revolución libertaria excelente, pero tenía una serie de aspectos que debían ser criticados, como el liderismo excesivo en torno a la figura de Majnó y determinadas actitudes violentas, agresivas y autoritarias que tuvieron miembros del ejército majnovista. Majnó muere joven, en 1934, y Volin queda como uno de los escasos resistentes de esos grupos que habían sido expulsados. Sigue participando en todas las iniciativas anarquistas del momento. Se hace masón para convencer a los masones, participa en la Encyclopédie anarchiste que hace Sebastián Faure y en un montón de revistas. En 1936, la CNT decide nombrarle director de un periódico, L’Espagne Antifasciste, para que desde Francia dé las noticias de lo que pasa en la revolución española. Pero pronto la CNT corta el grifo y deja de apoyar el periódico, porque Volin no apoya las políticas de participación de la CNT en el gobierno republicano.
El hijo de Volin luchó en España con el bando republicano y te reveló información importante sobre la muerte de Durruti.
Leo Volin, con el que yo sostuve una larga entrevista durante tres días, en 1987, fue voluntario de la guerra en las columnas anarquistas y estuvo con Cipriano Mera en la toma de Teruel. Leo me dio la noticia de que cuando vuelve a Francia después de la guerra está unos días en el calabozo en Cerbère, pasada la frontera, y allí coincide con un amigo suyo, un tal André París, que era comunista. París tenía un trauma por la muerte de Durruti y le dijo “Leo, te aseguro que yo no disparé”, dando a entender que el grupo en el que estaba era el que había matado a Durruti. Igual un día algún historiador consigue verificarlo.
Las críticas de Volin a los anarquistas españoles, que provocaron que la CNT dejase de financiar su periódico, son bastante elocuentes respecto a la rigidez de sus posiciones políticas.
Volin estaba seguro de que el proceso revolucionario tenía que ir a favor de la desaparición del Estado, no de la creación de otro nuevo. En Rusia se había creado una nueva estructura estatal que había acabado siendo totalitaria. Él había escrito un folleto que se hizo más o menos famoso titulado “El fascismo rojo”. El fascismo es bicéfalo, tiene dos cabezas y la cabeza comunista había sido creada por Lenin y el partido bolchevique. La cabeza fascista estaba en auge ya en aquellos años con Mussolini y Hitler. Según su análisis, en la revolución española la fuerza de la CNT-FAI permitía disolver la estructura estatal y organizar una nueva forma de sociedad.

¿Identificas paralelismos entre el movimiento libertario ucraniano liderado por Majnó y el movimiento anarquista durante la guerra civil española?
Es un tema muy interesante para estudiar de manera detenida. La diferencia fundamental es que el movimiento majnovista tuvo que desarrollar esas experiencias de colectivizaciones y cooperativas en un contexto bélico tremendo. Apenas tenían tranquilidad unos meses, porque después entraba un ejército en lucha y destruía aquello. Las colectividades libertarias en España tuvieron mayor estabilidad, sobre todo las de Aragón. El frente de Aragón no se movió en más de dos años y tuvieron tranquilidad para poder sacar algunas conclusiones de la experiencia que estaban haciendo. Esa experiencia fue derribada, en primer lugar, por el ejército comunista de la columna Carlos Marx, dirigida por Enrique Líster, del Partido Comunista. Entró a saco en las colectividades de Aragón para destruirlas, porque no le parecían bien que se hiciera una revolución no sometida a los dictados comunistas. De alguna manera se repetía también lo que había pasado con Majnó. Los principales enemigos van a ser los comunistas, que no toleran un tipo de experimentación social distinta a la que ellos propugnan y que pueda superarles desde la izquierda. La columna de Lister abandonó el frente para destruir las colectividades libertarias de Aragón.
En el imaginario colectivo de algunas izquierdas está la idea de que la revolución rusa iba más o menos bien en su primera etapa, pero la llegada de Stalin al poder inicia una deriva totalitaria. Tú propones, siguiendo a Volin, una interpretación alternativa que enfatiza la continuidad: Stalin no hizo más que poner su pie en la huella dejada por Lenin y Trotski.
El estalinismo es una invención ideológica que han hecho los autores marxistas de izquierdas para salvar a Lenin y a Trotski, porque Stalin es insalvable. Esa es la tesis que Volin destruye. Lenin y Trotski habían creado un estado autoritario brutal. El gulag empieza con Lenin en el año 1918 y el ejército rojo y las tácticas de aniquilación masiva de los disidentes empiezan con Lenin y Trotski. A partir del año 1991, desde que se abren los archivos, se encuentran cosas terribles. Yo reproduzco uno de esos mensajes a mano de Lenin recomendando que se ejecute a los campesinos y se cuelguen sus cadáveres, que lo vea todo el mundo y que sea una cosa cruel. La creación de los campos de exterminio y de reclusión contra los disidentes empieza en el año 1918 y Lenin y Trotski son favorables a ello. Stalin no hace más que continuar, llevándolo al paroxismo, el modelo de represión. Cuando Trotski se queja de que Stalin le persigue es cuando Volin se ríe y le dice que le están haciendo a él lo que él les hacía a los demás. Cuando a Trotski lo andan persiguiendo y expulsando de todos los países europeos y hay una campaña para que lo dejen instalarse en Francia, Volin se adhiere a esa campaña. Cree que hay que darle a Trotski la libertad que él negaba a los demás.
A lo largo de todo el libro insistes sobre la importancia de no perder de vista el principio moral según el cual, en política, no todos los medios están justificados para alcanzar un fin deseable.
Quise llevar esta cuestión al origen táctico y ético que sería el caso de Nechaev. Nechaev era un tipo atorrante que creó un grupo en Moscú para asesinar y hacer actos terroristas. Uno de los miembros se quiere ir del grupo y entonces Nechaev hace que lo maten todos los otros miembros para ser cómplices del asesinato. Es una noticia tremenda, que le sirve a Dostoievski para empezar a escribir la novela Los demonios. Nechaev sale de Rusia y lia a Bakunin para utilizarlo para sus propios fines revolucionarios. Bakunin se deja embaucar por ese joven que llega de Rusia con un aura de revolucionario y participa incluso en un texto abyecto que se llama “Catecismo revolucionario”, que es una justificación de toda acción con tal de que sirva a la revolución. Finalmente Bakunin vio la luz. En los años sesenta del siglo XX un historiador encontró una carta en la Biblioteca Nacional Francesa donde Bakunin rechaza y critica a Nechaev llamándolo arbek, bandido. Bakunin se redimió de ese modelo de revolución en el que todo queda sometido a la finalidad y la finalidad lo salva todo. A quien sí engatusó Nechaev fue a Lenin. Lenin reivindica a Nechaev, es una cosa que se suele olvidar. Andrei Siniavsky, un escritor ruso de los años sesenta de quien se dice que crea el término “disidente”, cuenta en su libro cómo Nechaev está detrás de Lenin.
Si los libertarios eran distintos a los demás tenían que demostrarlo. Demostrarlo en la victoria, cuando ganaban. Necesitaban exponer su magnanimidad, su alma grande, evitando los fusilamientos, las tropelías y todo aquello a lo que se oponían. El mismo Volin cuenta su decepción porque no se tomaran medidas más duras para evitar las tropelías de los propios soldados majnovistas. La ideología no justifica la moral. Los viejos anarquistas de la Internacional en España decían que antes de ser anarquista hay que ser justo, para que luego resulte que por ser justo se es anarquista. Es en cada acción en sí misma donde tienes que demostrar tu principio. La diferencia no está en lo que dices, sino en cómo lo vas haciendo. Es aquello que se le objetaba, y con razón, a Lutero: la justificación por las obras, no por la fe.
Moralmente hablando Volin se acerca bastante a ese ideal.
He procurado no hacer en el libro una hagiografía de Volin, porque el personaje es muy atractivo. Como mucho puedes decir que es un idealista trasnochado, incorregible, pero moralmente tiene pocas cosas que se le puedan oponer. Es un tipo muy limpio y difícilmente cuestionable.
Para terminar: Volin tuvo relación con dos de las principales figuras del anarquismo internacional de la primera mitad del siglo XX: Kropotkin y Emma Goldman. ¿Qué nos puedes decir sobre ello?
En su deriva hacia el anarquismo fue importante la lectura de Kropotkin. En su decisión de abandonar la carrera de Derecho en el último año y ponerse a educar a los trabajadores, el joven Volin estaba cumpliendo lo que proponía Kropotkin en su texto “A los jóvenes”. Volin aplicó a rajatabla la renuncia al privilegio para ponerse a trabajar por la justicia. En uno de los momentos en que estuvo libre durante el proceso revolucionario fue a visitar a Kropotkin, estuvieron hablando y salió reforzado. Kropotkin siempre fue alguien que le iluminó en su aventura.
Emma Goldman llegó a la revolución rusa desde Estados Unidos. Tuvo menos relación con Volin porque hubo muchos períodos en los que Volin estaba en la cárcel. Pero siempre se refirió a él como uno de los compañeros más valiosos y también hizo todo lo posible para que lo liberaran. Emma Goldman intentó evitar la deriva autoritaria del régimen soviético. Al principio, parece que empieza justificando las medidas que tomaba el Estado bolchevique, pero poco a poco se da cuenta de que están creando un terror jacobino, se opone a ello y abandona, junto a su compañero Alexander Berkman, Rusia. Ya no pueden evitar la deriva autoritaria y represiva del régimen comunista. Se van a Inglaterra e intentan hacer campañas denunciándolo, pero ella misma cuenta en su libro Mi desilusión en Rusia el poco eco que encuentra entre los intelectuales de los años veinte su oposición al autoritarismo del régimen soviético.
El prestigio del régimen bolchevique se va a extender hasta los años treinta, cuando empiezan los procesos de Stalin y ya parece que es más difícil defenderlo. Entonces empieza la maniobra ideológica de salvar a Lenin y Trotski y no identificarlos con Stalin. Solzhenitsyn decía que el estalinismo es un invento de los intelectuales comunistas para soltar toda la basura contra Stalin. Stalin no traiciona a Lenin; la revolución traiciona a los propios soviets.
































