Asturias encara un momento decisivo en su mercado laboral. A la persistencia de salarios bajos en amplios sectores se suman el envejecimiento acelerado de la población, la dependencia de pensiones y una transformación tecnológica que avanza más rápido que la capacidad de adaptación del tejido productivo. En ese cruce de caminos, las decisiones sobre salarios, empleo y protección social han dejado de ser debates técnicos para convertirse en cuestiones que condicionan de forma directa cómo se vive, se trabaja y se envejece en la región.
Begoña Cueto Iglesias, catedrática de Economía Aplicada en la Universidad de Oviedo, vicepresidenta de la Asociación Española de Economía del Trabajo y relatora de la Comisión Asesora del Salario Mínimo Interprofesional, es una de las voces más autorizadas para analizar este escenario. Su trabajo combina el rigor académico con una participación directa en la evaluación de políticas públicas que afectan a millones de trabajadores.

En esta entrevista, Cueto analiza el impacto real de las subidas del SMI, los límites de las bonificaciones al empleo, los errores estructurales de las políticas laborales de las últimas décadas y los retos que la revolución tecnológica y la demografía plantean a territorios como Asturias. Lo hace desde una voluntad explícita de claridad, consciente de que explicar la economía exige a veces renunciar a parte de la precisión técnica. Una elección deliberada que atraviesa toda la conversación y que busca que el diagnóstico económico sea comprensible y útil para quien lo lee.
El salario mínimo y la pobreza laboral
¿Podemos decir hoy que el Salario Mínimo Interprofesional en España garantiza una vida digna a quienes trabajan a jornada completa?
El informe que hemos elaborado este año pone de manifiesto, por primera vez de forma clara, que las personas que trabajan a tiempo completo con el salario mínimo interprofesional están por encima del umbral de pobreza. Conseguir eso ha sido un hito importante para el mercado de trabajo en España. Somos uno de los países de la Unión Europea con un mayor porcentaje de trabajadores pobres, y que el SMI a jornada completa supere ese umbral supone avanzar en la dirección correcta para reducir una situación que es preocupante.
Desde 2018 el SMI ha subido más de un 50 %. ¿Qué efectos reales ha tenido esa subida en el empleo, más allá del debate político?
Las evaluaciones disponibles indican que, cuando se detectan efectos sobre el empleo, estos han sido pequeños. El incremento del salario mínimo no ha reducido el empleo de forma significativa. Para entenderlo hay que tener en cuenta que, antes de 2019, el SMI era muy bajo y afectaba a muy pocas personas. La subida ha sido importante y lo ha situado en el entorno del 60 % del salario medio, como establece la Carta Social Europea, por lo que ahora sí afecta a un porcentaje más relevante de trabajadores. Además, esta subida se ha producido en un contexto de expansión económica y crecimiento del empleo. Pero es importante subrayar que los efectos del salario mínimo van más allá del empleo. Tiene efectos claros sobre la desigualdad. Los salarios más bajos, que tras la crisis de 2008 habían crecido muy poco, han aumentado, contribuyendo a reducir la desigualdad salarial. También tiene efectos sobre el consumo y sobre la negociación colectiva. El salario mínimo es una variable clave del mercado laboral y del sistema social, con impactos mucho más amplios que los puramente laborales.
“Asturias es una de las comunidades más envejecidas de España y de la Unión Europea, lo que implica que un porcentaje elevado de hogares dependa principalmente de las pensiones.”
En comunidades con salarios bajos, como Asturias, ¿el SMI corre el riesgo de convertirse en el salario techo de algunos sectores?
Asturias no es una de las comunidades con mayor incidencia del salario mínimo. Sus efectos están muy relacionados con determinados sectores, como la agricultura, el comercio o algunas ramas de los servicios. El riesgo que existe, y que ya se observa en algunos ámbitos, es que el SMI afecte a un porcentaje relevante de trabajadores y que se concentren demasiados salarios en el tramo bajo. Por eso es importante que la negociación colectiva funcione y que sindicatos y empresas impulsen también la subida del resto de salarios. En el caso de Asturias, no estamos entre las comunidades donde un porcentaje muy elevado de personas cobra el salario mínimo.
Modelo productivo, envejecimiento y dependencia
¿Existe el riesgo de que Asturias se consolide como una economía de bajos salarios subsidiados, sostenida por pensiones, empleo público y ayudas, pero sin un tejido productivo fuerte?
Estos problemas no son exclusivos de Asturias, sino comunes al conjunto del país, aunque aquí se acentúan por el envejecimiento de la población. Asturias es una de las comunidades más envejecidas de España y de la Unión Europea, lo que implica que un porcentaje elevado de hogares dependa principalmente de las pensiones. En cuanto al empleo público, España no es un país con un porcentaje especialmente alto, y además estamos hablando de sanidad, educación y servicios esenciales, por lo que no lo considero un elemento negativo. Lo que sí estamos viviendo es un proceso de transformación muy relevante del sector productivo, impulsado por la revolución tecnológica, que afecta de forma transversal a industria y servicios. Este proceso coincide con el envejecimiento demográfico y genera una situación de cambio profundo. Vamos a seguir teniendo muchos hogares dependientes de pensiones, pero el reto es trabajar para que el tejido productivo aumente los salarios, muy ligado a la productividad. El cambio tecnológico puede permitirnos aumentar salarios o incluso reducir jornadas laborales, pero estamos en un proceso todavía lleno de incertidumbre.

Usted ha advertido de que “nos estamos quedando atrás”. ¿En qué ámbitos concretos del mercado laboral asturiano se percibe más ese retraso?
Un ejemplo claro es el uso de tecnologías avanzadas. Si observamos las estadísticas del INE, el porcentaje de empresas que utilizan inteligencia artificial, tanto en España como en Asturias, es muy bajo, por debajo del 20 %. Estos cambios ya están aquí y hay que adaptarse a ellos, porque en un contexto de competencia global quedarse atrás tiene consecuencias. Cuando se apuesta por sectores de bajo valor añadido, se generan empleos rápidamente, pero también se destruyen con facilidad. Por eso es fundamental apostar por capital humano y por tecnología.
Políticas de empleo: errores y límites
Desde una perspectiva autocrítica, ¿qué errores estructurales se han cometido en las políticas de empleo de las últimas décadas, tanto en Asturias como en España?
Las elevadas tasas de paro han generado mucha presión sobre las políticas de empleo y sobre los servicios públicos de empleo, obligándolos a buscar resultados a corto plazo. Sin embargo, las políticas de empleo necesitan tiempo. Ahora, aunque el desempleo sigue siendo alto en comparación con Europa, estamos en un contexto más favorable, con crecimiento y menores niveles de paro, lo que abre una oportunidad para pensar las políticas a largo plazo. Las personas desempleadas hoy suelen ser parados de larga duración con problemas de empleabilidad más graves, lo que exige intervenciones más intensas y prolongadas. La vuelta al empleo es más lenta y requiere más recursos. Por eso sería deseable una orientación de las políticas de empleo a más largo plazo, centrada en colectivos con mayores dificultades, asumiendo que los resultados no llegan en seis meses, sino en dos años.
“La inteligencia artificial ya está generando transformaciones importantes, pero que una tecnología esté disponible no significa que se utilice correctamente.”
¿Se ha confiado en exceso en bonificaciones y subvenciones a las empresas sin evaluar si generan empleo estable y salarios dignos?
Existe bastante consenso al respecto. Las evaluaciones muestran que los incentivos al empleo y al autoempleo tienen, en general, efectos pequeños. Son políticas fáciles de implementar y con gran alcance, pero sus efectos netos suelen ser limitados. Estas bonificaciones solo funcionan bien cuando están muy focalizadas en colectivos con problemas graves de empleabilidad, como las personas con discapacidad. Cuando se aplican de forma generalizada, sus efectos se diluyen. Por eso sería más eficaz apostar por políticas activas vinculadas a la orientación y la formación, que tienen efectos a medio y largo plazo.
Trabajar en tiempos de cambio tecnológico
La revolución tecnológica ya es una realidad. ¿Qué empleos están hoy más amenazados por la automatización y la digitalización?
Los empleos con mayor peso de tareas rutinarias son los más fácilmente automatizables. Todos los trabajos incluyen tareas de este tipo, en mayor o menor medida. La clave no es temer a la tecnología, sino adaptarse a los cambios. La inteligencia artificial ya está generando transformaciones importantes, pero que una tecnología esté disponible no significa que se utilice correctamente. Estas herramientas pueden mejorar mucho nuestro trabajo, pero requieren formación y entrenamiento. Utilizarlas bien es esencial para aprovechar su potencial.
En una comunidad envejecida como Asturias, ¿cómo se evita que la transición tecnológica deje fuera a trabajadores de mayor edad o con menor cualificación?
Con formación. La formación a lo largo de la vida es imprescindible. Aunque con la edad cueste más asumirla, no hay alternativa. La revolución tecnológica afecta de forma transversal y, con la inteligencia artificial, no solo se ven amenazados trabajos poco cualificados, sino también empleos cualificados, que pueden verse complementados si se utilizan bien estas herramientas. Además, competencias como el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de análisis serán cada vez más importantes a todas las edades.

¿Está el sistema educativo alineado con las necesidades reales de un mercado laboral en transformación?
La universidad tiene más objetivos que la mera adaptación al mercado de trabajo. Su función es preparar a las personas para una amplia gama de empleos y dotarlas de capacidades como pensamiento crítico, resolución de problemas y adaptación al cambio. No se puede exigir que alguien salga de la universidad preparado desde el primer día para todas las tareas específicas de una empresa. Dicho esto, la universidad también está en un proceso de transformación y debe asumir cambios en la forma de enseñar y aprender, especialmente con la irrupción de la inteligencia artificial. Es un proceso de adaptación exigente, pero necesario, manteniendo al mismo tiempo una formación integral como ciudadanos.
Pensiones, demografía y generaciones
Con salarios bajos y carreras laborales intermitentes, ¿estamos construyendo hoy las pensiones precarias del mañana?
El sistema de pensiones va a estar en revisión permanente debido al envejecimiento de la población. Las carreras laborales actuales son más interrumpidas que las de generaciones anteriores, y el sistema tendrá que adaptarse a esa realidad. Es difícil hacer previsiones a largo plazo porque las reformas van a ser continuas.
¿Existe un conflicto real entre salarios dignos para los jóvenes y pensiones suficientes para los mayores?
Es un falso dilema. Los salarios dignos dependen del reconocimiento del valor del trabajo y de la capacidad de generar empleo de alto valor añadido. El salario mínimo ha contribuido a dignificar el empleo juvenil, aunque no esté vinculado solo a los jóvenes. El problema surge cuando una parte importante de la economía se basa en empleos de bajos salarios, porque eso condiciona toda la trayectoria laboral. Además, los jóvenes han sufrido dos grandes crisis en menos de veinte años, lo que genera efectos a largo plazo. Aun así, el envejecimiento hace que el talento joven sea cada vez más escaso y eso empieza a reflejarse en mejores condiciones para determinados perfiles.
“El envejecimiento afecta al mercado de trabajo, al consumo, a las actitudes vitales y al sistema económico en su conjunto.”
Visto todo lo anterior, ¿hasta qué punto el envejecimiento atraviesa hoy el debate sobre empleo, salarios y pensiones en Asturias?
Lo condiciona todo. El envejecimiento afecta al mercado de trabajo, al consumo, a las actitudes vitales y al sistema económico en su conjunto. En Asturias este proceso es especialmente intenso. En ese contexto, la llegada reciente de población inmigrante es una señal positiva porque ayuda a sostener la población y el mercado de trabajo. El envejecimiento influye en el gasto en pensiones, en la forma de consumir y en el reemplazo generacional en el empleo. Es un cambio global, pero en Asturias se manifiesta con mayor intensidad.
¿Es optimista respecto al futuro del empleo en Asturias?
Quiero ser optimista. Estamos en un momento de crecimiento económico y de revolución tecnológica que puede mejorar el mercado de trabajo y facilitarnos la vida, aunque también genere desafíos. Las generaciones jóvenes tienen ahora la oportunidad de aprovechar su talento y es fundamental que las empresas lo valoren. Sin duda, la situación es mejor que hace diez años.
































