¿Por qué izquierda, ecologistas y ultraderecha rechazan Mercosur?

IU, Podemos, Ecologistas en Acción, Greenpeace o Vox coinciden en apoyar las protestas del campo contra el acuerdo de libre comercio.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Las organizaciones agrarias URA, USAGA, COAG y ASAJA han convocado para el próximo viernes una manifestación con tractores en Oviedo/Uviéu en protesta por el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y los países del Mercosur, que consideran pone en riesgo la viabilidad del sector primario, incapaz de competir en igualdad de condiciones con los productores de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

La manifestación partirá a las 11:00 horas desde La Pixarra, con una columna de tractores y maquinaria agrícola, a la que se sumarán personas a píe en la Plaza de América para confluir frente a la Delegación de Gobierno, han informado portavoces de las organizaciones.

Los sindicatos agrarios coinciden en que el tratado introduce una competencia desleal para los productores europeos, al permitir la entrada de productos agroalimentarios procedentes de países del Mercosur que no cumplen los mismos estándares sanitarios, laborales, sociales y medioambientales que se exigen en la Unión Europea.

Tractorada: Foto: Alisa Guerrero

Las protestas, que están recorriendo toda Europa, encuentran apoyos a uno y otro lado del espectro político. Por un lado la extrema derecha, que se ha erigido en la gran defensora del campo y sus habitantes, supuestamente oprimidos por las normativas medioambientales de la UE. Por otro, los partidos de la izquierda alternativa y los movimientos ecologistas, históricos opositores a la globalización neoliberal y los tratados de libre comercio.

Apoyos a derecha e izquierda

En Asturies Vox ha anunciado que se manifestará este viernes con ganaderos y campesinos contra lo que consideran “un acuerdo ideológico ligado a la agenda 2030”. Sin embargo, también Izquierda Unida ha mostrado su oposición frontal al tratado por razones completamente opuestas, al considerar que supone una grave amenaza para la soberanía alimentaria. En un comunicado, su secretaria de Organización, María José Miranda, ha denunciado que el acuerdo “desprotege de manera aberrante al sector primario” y favorece a las grandes multinacionales frente a los ganaderos y agricultores tradicionales. A su juicio, el tratado consolida un modelo comercial que prima los intereses de los grandes lobbies económicos frente al interés general y al equilibrio territorial.

También otras formaciones de izquierdas como Sumar, Podemos o Bildu han expresado su rechazo al tratado de libre comercio en términos muy parecidos.

Las críticas coinciden con las expresadas por Ecologistas en Acción, que subraya el carácter excepcional del proceso de aprobación del acuerdo. Según la organización, se trata de la primera vez en la historia de la UE que se impulsa un tratado comercial sin el consentimiento de todos los Estados miembros, ignorando las objeciones de países como Francia, Polonia, Irlanda o Austria, donde la presión social ha obligado a los gobiernos a posicionarse en contra.

La entidad ecologista ha mostrado su apoyo a las organizaciones agrarias europeas que han bloqueado carreteras y fronteras para denunciar el impacto del acuerdo en la agricultura, y advierte de que las supuestas salvaguardias agrícolas incluidas en el texto son claramente insuficientes. “Este acuerdo simboliza una política comercial que enfrenta aún más a agricultores y agricultoras de ambos lados del Atlántico en una carrera suicida para recortar leyes sociales, ambientales y sanitarias”, señalan, alertando de que el modelo de agricultura industrial orientada a la exportación es uno de los principales motores de la emergencia climática.

“Al apoyar este acuerdo comercial, opta por precarizar y empobrecer a la clase trabajadora, a la agricultura familiar y a las pequeñas empresas, mientras se violan los derechos de las comunidades originarias y se destruye la naturaleza”, denuncian.

También desde Greenpeace han mostrado su apoyo a las protestas: “La integración de la alimentación en los acuerdos de libre comercio supone el reforzamiento de la agroindustria en perjuicio de las producciones campesinas —en este caso europeas y sudamericanas—, aumentando la destrucción social y ambiental asociada a este modelo de producción de alimentos concentrado en cada vez menos manos, orientado a la especulación y a la exportación, causante de despoblación rural, ecológicamente insostenible e importante fuente de crisis climática”

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