La sanidad privada crece en España al calor de las listas de espera, y lo hace por dos vías. Por un lado, a través de la larga marcha de una parte de las clases medias, o incluso trabajadoras, a los servicios privados de salud. Por otro, en forma de derivaciones y conciertos con la sanidad pública. Según datos de 2021, alrededor del 43% de los hospitales privados de España tenían algún acuerdo con el sistema público para diagnosticar o tratar a pacientes. No tenemos datos actualizados, pero es probable que el porcentaje haya crecido en los últimos cuatro años.
De un modo u otro, la existencia de listas de espera se ha convertido en el gran negocio de grandes grupos multinacionales como Quirón o Ribera Salud. Y es que el deterioro de la atención en el sistema público ha espoleado a contratar servicios en la privada a los usuarios con más capacidad económica. Servicios adaptados a todos los bolsillos, y que pueden ir desde lo más barato, como consultas teléfonicas por apenas siete euros al mes, hasta otros mucho más caros, con prestaciones como la salud bucodental, uno de los grandes déficits del sistema público.
Al margen de cierto gusto por “la distinción”, el principal motivo para irse a un seguro privado es la rapidez
Al margen de cierto gusto por “la distinción”, el principal motivo para que alguien se vaya a un seguro privado es la rapidez en ser atendido. Los recortes de la crisis de 2008 deterioraron el sistema público y llenaron de clientes la medicina privada. En 2025 un 33,8% de los asturianos acudieron en algún momento a la sanidad privada. Entre 2018 y 2024 el porcentaje de asturianos con seguros privados creció a un ritmo anual del 4,4%.
Según datos de la Fundación IDIS -Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad, una entidad que agrupa a la patronal del sector sanitario privado, el 18,6 por ciento de la población asturiana, algo más de 188.161 personas, cuenta ya con algún tipo de seguro de salud (incluidos mutualistas), porcentaje que aunque se encuentra entre los más bajos del país, 7,4 puntos por debajo de la media española, supone un notable aumento con respecto a hace una década, cuando los seguros privados eran algo mucho más minoritarios en una Asturies que presumía de sanidad pública.
Derivaciones, el otro gran negocio
Las listas de espera también repercuten positivamente en la sanidad privada a través de los conciertos con el sistema público y las derivaciones de pacientes. En lugar de invertir en recursos propios las comunidades autónomas tiran de empresas privadas, o recurren a ellas cuando las listas de espera se hacen insoportables y se hace urgente descongestionarlas.

Como en el caso de la educación, los cuidados u otros servcicios, no hay mejor cliente que la administración pública. Tanto por su volumen como por su estabilidad. La administración es tan buen cliente que a veces se “olvida” incluso de reclamar los incumplimientos del contrato por parte de sus proveedores privados. Es lo que le pasaba a Carlos Mazón en Valencia con Ribera Salud.
Las recientes noticias sobre los métodos de multinacionales como Ribera o Quirón en la Comunidad de Madrid revelan a) que los servicios no funcionan igual cuando se gestionan con o sin ánimo de lucro, y b) la irresponsabilidad de la FSA-PSOE apoyando el desembarco de la privada en Asturies en nombre de la “complementariedad” entre las redes privada y pública, un discurso que en boca de algunos representantes emana una ingenuidad impropia de un cargo político, y en otros un cinismo… muy propio de un cargo político.
































