Jesús Fernández Naves, el cura y militante asturiano de la autonomía obrera vitoriana

Se cumple medio siglo de un movimiento huelguístico en el que el activista jugó un papel destacado.

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Bernardo Álvarez
Bernardo Álvarez
Graduado en psicología y ahora periodista entre Asturias y Madrid. Ha publicado artículos en ABC, Atlántica XXII, FronteraD y El Ciervo.

“Muchos hemos venido aquí para orar”, se le oye decir con voz grave y afectada, “pero también muchos hemos venido porque es el único medio que tenemos para reunirnos”. Quien habla de ese modo el 5 de marzo de 1976 en los funerales por los cinco trabajadores asesinados en la matanza de Vitoria, es Jesús Fernández Naves, un personaje central para entender ese episodio de la Transición del que ahora se cumple medio siglo. Tal y como expresó en su intervención durante los funerales, había venido al mundo para orar, pero casi siempre encontraba cosas más urgentes que hacer.

Naves nació en el año 1934 en el pueblo ovetense del mismo nombre, y en el seno de una familia humilde y religiosa. Ingresó en el seminario en los años 40. Durante la década de los 60, la Iglesia no era ajena a los cambios que acontecían en el resto de la sociedad. Sobre todo entre el bajo clero cundió un ambiente crítico con la dictadura y con la jerarquía eclesiástica, y dispuesto a recuperar las raíces igualitaristas del cristianismo.

Pronto tuvo la oportunidad de encararse con el régimen. En abril de 1962 estallan las huelgas mineras en las cuencas, siendo Naves sacerdote en Gijón. Su homilía en defensa de los mineros le lleva a conocer por primera vez la represión. “El Gobierno civil le prohíbe expresamente repetir la homilía en el resto de las misas de ese día” explica el historiador Rubén Vega. Su condición sacerdotal le libra de represalias más duras, pero acaba apartado por el arzobispado en parroquias de varias aldeas de montaña del concejo asturiano de Teverga. “Tenía que ir a caballo a oficiar misa”. Su siguiente destino es Buenos Aires, a donde acude por voluntad propia en calidad de misionero, pero sobre todo buscando escapar de la opresiva jerarquía católica. Allí reafirma su compromiso como activista social y abandona toda relación con la Iglesia, aunque formalmente no renuncie al sacerdocio, algo que en aquella época no era demasiado fácil, señala Vega.

En la capital argentina Naves se instala en una comunidad de los arrabales. Allí trabajó en fábricas y continuó con su labor social y sindical. Su periplo vital y militante le lleva sin embargo de vuelta a España, primero a Madrid y después a Gijón, donde trabaja en Talleres Moreda y conoce a Carmen, su pareja, una joven médica, que se convertirá en su compañera y madre de sus tres hijos. En la fábrica metalúrgica gijonesa lidera un importante conflicto laboral junto a Luis Redondo, militante del PCE y futuro líder de la Corriente Sindical de Izquierdas. Rubén Vega rememora que cuando Naves y Redondo acudieron a negociar con la empresa, escuchando a uno y a otro expresarse, los representantes de la patronal tomaron a Naves por el comunista, y a Redondo por el cura.

A principios de los 70 regresa a Argentina, ya con Carmen. Siempre entre huelgas, fábricas y asambleas, entra en contacto con la rama obrera del movimiento montonero, así como con las expresiones más radicales del obrerismo argentino. Según Vega fue allí donde tomó contacto con las ideas del consejismo y la autonomía obrera en las que militaría el resto de su vida.

El inicio de las “desapariciones” y de la represión a gran escala invitan a la pareja a hacer de nuevo las maletas, esta vez no con destino a Asturias, sino al País Vasco, tierra de Carmen. En 1975 llegan a Vitoria, una ciudad donde no faltaba el empleo, y en la que Naves encuentra trabajo como obrero de la Mercedes.

Manifestación en Vitoria, 3 de marzo de 1976. Fundación Juan Muñiz Zapico (CC OO),

La capital alavesa, hasta entonces una balsa de aceite ajena a la conflictividad social y política que caracterizaba al resto del País Vasco, vive un acelerado proceso de industrialización que termina desembocando en la oleada huelguística del invierno de 1975 a 1976. En aquella ciudad en la que “nunca pasaba nada” se produjo un inesperado movimiento obrero de carácter muy masivo y asambleario, que tuvo como protagonista a una clase obrera sin apenas tradiciones políticas o sindicales.

En aquel contexto, Naves pronto se convirtió en uno de los militantes más carismáticos y conocidos de la ciudad. “Un líder indiscutible”, según el escritor y cineasta vitoriano Juan Ibarrondo, “uno de los que marcó la línea estratégica de las protestas”. Su apuesta fue siempre por un sindicalismo “de abajo arriba” y de base asamblearia. “En aquellas asambleas todos estábamos esperando a que hablase porque expresaba de forma simple y enérgica lo que todos sentíamos y pensábamos. Cuando él hablaba no se oía una mosca” explicaba con motivo de su muerte uno de los participantes en aquella lucha por aumentos salariales y jornadas de 40 horas, que el régimen reprimió con balas, porras y botes de humo.

“Tuvo una relevancia fundamental en las huelgas del 76”, insiste Ibarrondo, “y yo creo que todos los vitorianos tenemos en el recuerdo las palabras que pronunció en el funeral de los obreros masacrados”. Ibarrondo, que lo conoció personalmente, destaca que era una persona “muy cercana y que se hacía querer”. Y llama la atención sobre dos rasgos que se manifestaron a lo largo de toda una vida dedicada al activismo desde abajo: la coherencia y la honestidad.

Naves en su intervención en el funeral por los asesinados en Vitoria.

“Coherencia en cuanto a su defensa de una lucha obrera basada en la asamblea, huyendo de vanguardias dirigentes”, explica Ibarrondo, “y honestidad en el sentido de que para nada tuvo ninguna tentación de aprovecharse personalmente de su éxito y de su liderazgo. Todos recordamos cuando el 3 de marzo se le acusa por parte de los medios de comunicación de haberse fugado a París con el dinero de la caja de resistencia”.

Su participación destacada en el movimiento obrero y sus palabras en el funeral de los trabajadores vitorianos muertos por la policía le valieron una estancia en la cárcel de Carabanchel por el delito de sedición, pero eso no bastaba para arredrar a Naves. Fallecido en 2021, hasta que el Alzheimer se lo impidió, se mantuvo implicado en distintos movimientos políticos y sociales de la capital alavesa, donde era un referente de una cierta tendencia del activismo local. Participó activamente en las protestas que en 1987 estallaron en la fábrica vitoriana de Mercedes, y en los años 90 fue uno de los fundadores del Grupo Antimilitarista de Gasteiz. A los 50 años del asesinato de los obreros, sus palabras volverán a resonar en Vitoria.

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