Las izquierdas esperaban un milagro y este domingo finalmente se produjo. El 23J pasará a la historia como el día en que frenamos la ola reaccionaria.
Frenar es el verbo, y no derrotar. El bloque progresista y plurinacional articulado por Pablo Iglesias en la moción de censura de 2018 se mantiene, pero por muy poco. El PP es la fuerza más votada, Vox resiste como tercer grupo parlamentario del Congreso, y la reelección de Pedro Sánchez dependerá de las negociaciones con un partido tan poco progresista como lo es Junts per Catalunya. Nadie descarta ahora mismo una repetición electoral.
Con todo, Portugal y España se consolidan como “excepción ibérica” en plena ola reaccionaria a nivel europeo y global. A pesar de la derechización de la sociedad, ciertos valores culturales progresistas y democráticos continúan siendo hegemónicos y por lo tanto difícilmente cuestionables sin provocar una gran movilización en su defensa. Si la pregunta de estas elecciones era, ¿quién le produce a usted más rechazo? ¿Los partidos independentistas o Vox? Una mayoría del electorado ha respondido que los ultras. Abascal y los suyos se han convertido en un lastre para las posibilidades electorales del PP. Por eso quizá haya llegado el momento de su sacrificio ritual, como antes se hizo con Rivera, Girauta y Ciudadanos. Adiós muchachos, gracias por los servicios prestados.

Sánchez, ese hombre tocado por los hados, aguanta, pero también Sumar, que resiste la tentación del voto útil y obtiene sólo un poco menos de lo que logró Pablo Iglesias en 2019 con Unidas Podemos y una de sus mejores campañas electorales.
La política no conoce de derechos de autor. Hoy, algunos de los que en 2019 atacaron al ex vicepresidente por reclamar ministerios y elogiaban en cambio el llamado gobierno a la portuguesa han hecho discretamente suyas las tesis pablistas y se han incorporado con entusiasmo a la hipótesis gubernamental. Nadie en ese espacio ya la cuestiona.
La izquierda radical, que no entendió ni en 2019 ni en 2023 el cambio de ciclo, se ha estrellado en su proyecto de consolidar un espacio electoral de algo así como la izquierda de la izquierda. ERC, que no lo es, pero jugó a serlo, se estrella. EH Bildu, que en cambió leyó mucho mejor el momento político, sale reforzado de su papel de socio tranquilo del Gobierno de coalición.

Malas noticias para la España Vaciada. La polarización política les dañó, pero también su indefinición ideológico. Su desaparición política es una mala noticia. Supondrá la pérdida de peso en la agenda política de un problema tan grave como el de los desequilibrios territoriales y la despoblación de la España interior.
Resultados preocupantes para la izquierda en Asturies. La ausencia de Foro permite a las derechas superar a PSOE y Sumar. Aviso a navegantes: el Principado ya no es un bastión inexpugnable.

La campaña tiene dos héroes. Uno es José Luis Rodríguez Zapatero. El ex vicepresidente, siempre cuidadoso con el Gobierno de coalición, levantó la campaña con varias entrevistas en medios, una de ellas en la COPE, y marcó el tono que las izquierdas debían emplear frente a sus adversarios. La otra es Silvia Inchaurrondo, que en una entrevista en TVE cumplió con su deber ético desmontando con profesionalidad y valentía las mentiras de un Núñez Feijóo crecido tras el cara a cara con Sánchez. Algunos ya han puesto precio a su cabeza.
Conclusiones: la izquierda salva una bola del partido, pero su victoria es frágil. Además de gobernar necesita rearmarse en lo ideológico-cultural, lo organizativo y lo comunicativo. La batalla está en los medios y ahí acude a luchar sin apenas armas ni armadura. Necesita mejorar para lo que se viene. No será fácil.
































