Las guerras adrianas (Cap.XXV): Porque lo dice el Alcalde de Siero

La reyerta de Cepi erosiona a Adrián Barbón. En sus filas creen que el relevo es Lady Macbeth

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Víctor Guillot
Víctor Guillot
Víctor Guillot es periodista y adjunto a la dirección de Nortes. Ha trabajado en La Nueva España, Asturias 24, El Pueblo de Albacete y migijon.

Siero es un valle de fértiles tierras atravesadas por un ferrocarril, situado a veinte kilómetros del mar Cantábrico. En el mapa asturiano es una gran región donde se vive bien, a caballo entre Oviedo y Gijón, como una gran balsa verde rodeada de polígonos industriales, extendida entre dos ciudades por donde sopla abril y se abre el ruido y la furia.

El ruido y la furia. Así tituló una de sus primeras novelas William Faulkner, novela fundacional de un territorio telúrico y violento, bautizado como Yoknapataupha, en el condado de Jefferson. La obra de Faulkner tiene también sus laberintos políticos, en esa tierra sofocante y umbría, apuñalada por el río Mississippi, donde crece la semilla de la ambición bajo los sauces y el diablo ronda entre los muertos. Siero no es Yoknakçpataupha, pero podría llegar a serlo. Su Alcalde, Ángel García “Cepi”, no forma parte de la estipe de los Snopes que llegaron a fundar un emporio de la nada, ni tampoco se le conoce filiación alguna con la familia Sartori que se asentó a mediados del siglo XIX bajo la piel curtida de un general sudista a lomos de un caballo cojo, pero pelea las tierras como todos ellos, entre el ruido y la furia.

Ángel García “Cepi” en su despacho. Foto de Kike Gallart.

Tras dos mandatos, se ha consagrado como un alcalde que maneja una mayoría absoluta con agilidad y rudeza. 13 concejales. Cepi podría matar a tiros una mula en la Plaza Mayor, a las puertas del Consistorio, bajo las campanas de la iglesia, repicando la luz del mediodía, y todo el mundo encontraría un motivo justo que lo mantendría inocente ante los ojos de un juez. Porque Cepi es un alcalde del norte, con 15.000 metros cuadrados de terreno en Bobes, apalabrados para que los americanos de Costco levanten un supermercado. Son 40 millones de euros, son 200 empleos. Cepi vende felicidad, otra vida, sueños, trabajo y una palabra que vale más que la ley. Al menos, más que la palabra del presidente asturiano, Adrián Barbón.

En la entrevista publicada este domingo en nuestro diario, recordó que otro hombre, Tini Areces, encontró una tierra en la que ni siquiera al Señor se le hubiera ocurrido levantar un rancho de cabras. Después llegaría Javier Fernández y después Adrián Barbón y ahora un Alcalde con mayoría absoluta capaz de hacer comprender a su pueblo que era dinero de verdad lo que estaba tratando de darles y que ha sido un presidente de su mismo partido el que los ha dejado tirados. Después de 24 meses de palabras, después de que Amazon anunciase la buena nueva, no habrá manera de que el gobierno de Adrián Barbón le doble el brazo y le estropeé sus planes para Siero. En realidad, lo que se discute aquí es la voluntad de un hombre y la voluntad de la ley.

El Alcalde y la democracia liberal. Cepi no tiene más brújula que su instinto. No se ha parado a intelectualizar el ordenamiento ni falta que le hace. A su juicio, hay algo más importante que la balanza de pesos y contrapesos que rige el destino de los hombres en una democracia. Ha convertido Siero en el horizonte de muchas personas. En dos años, más de 1000 almas se han asentado en el municipio, cuya prole crece hasta ser el cuarto concejo más poblado de Asturias. Siero es la obra de un cuáquero abrazado a un sueño socialdemócrata, cuyo rancho ha crecido y no admite norma ni gobierno que restrinja su perímetro. Ovidio Zapico, coordinador de IU y Consejero de Ordenación del Territorio, ha venido a defender la ley, pero ha puesto a los de Comisiones Obreras por delante a pedir reflexión y sosiego, porque sabe que los vecinos de Siero van a piñón con su Alcalde. Cepi acusa a todos de lobbies y de ejercer presión. Pero Zapico no se va a manchar las manos todavía en ese juego, un juego que esconde un secreto que sólo concierne al Alcalde y al Presidente del Gobierno.

Ovidio Zapico. Foto: David Aguilar Sánchez.

Aunque a Cepi le aburren las tribulaciones de la FSA, no es ajeno a ellas. Todos sospechan dentro de la organización que ni siquiera el Secretario de la Agrupación Socialista de Siero, Juan Cofiño, ex vicepresidente del gobierno, será capaz de embridarlo después de los latigazos que lanzó por su boca a los fariseos de su Gobierno este domingo. La misa de doce fue distinta para Adrián Barbón ese día. En Grau, el Presidente del Principado reclamó discreción, silencio, a su manera, sigilo, y puso de ejemplo Amazón, que llegó a Siero mediante un acuerdo de confidencialidad firmado entre la empresa y Juan Cofiño. Y como James Stewart en El hombre que mató a Liberty Valance, Barbón desafió al Alcalde de Siero elevando al cielo las tablas de la ley, proclamando el interés general por encima del interés de los particulares, con el espíritu cínico que embarnece toda su acción de gobierno, reclamando el valor de las leyes y la democracia liberal. Eso sí, en aquellas palabras brillaba un matiz diabólico; porque este lunes también se reunía una comisión de trabajo para estudiar las demandas de “Cepi” y nuevas reglas de comercio que le hagan un Costco a su medida. Dios proveerá, dicen los creyentes en Siero, porque lo dice su Alcalde.

El silencio de Juan Cofiño nos indica muchas cosas. ¿Acaso el veterano político no habrá influido con Costco como lo hizo con Amazon? Pero está en retirada. Sus últimos días tendrán el color dorado de los cónsules, presidiendo la cámara legislativa de los asturianos. También pasará los días en Yoknapataupha, esperando. Porque mientras espera la llegada de su último día, descubrirá que es capaz de estar al tanto de todo lo que pasa en Asturias, simplemente escuchando y oyendo, mejor incluso que si hubiera estado en el Gobierno. Todo lo que tiene que hacer es vigilar, observar, sin estar obligado a preocuparse por nada ni por nadie, imaginándose sentado en el porche de su casa, observando cómo pasan los muertos cargados sobre los tílburis arrastrados por los corceles negros de Siero o de Yoknapataupha. No está para más guerras adrianas, el viejo guerrero que con su retórica le plantó cara a Tini en la madre de todas las batallas, no lo está por mucho que en el Gobierno todos los consejeros le echen en falta.

Pedro Sánchez y Adrián Barbón. Foto: Gobierno de Asturies.

Mientras tanto, los Secretarios de las Agrupaciones Locales hacen sus cuentas. Una ejecutiva dividida define un antes y un después, es el fiel de la balanza que separa al adrianismo en dos arroyos, al principio siempre engarzados como dos serpientes hasta acabar enrollados como un ovillo de lana. Pero pronto llegará la separación. En la dirección política de la FSA hay quienes ven en Adrián su sustento. No lo abandonarán hasta que haya otro líder al que arrimarse y les mantenga el condumio. En cambio, también hay quienes creen que Lady Macbeth, más pronto que tarde, debe dar el paso y anunciar su candidatura a la Secretaría General de la FSA. Ese momento se producirá en cuanto se clarifique el futuro del PSOE tras el próximo Congreso Federal. Adrián es una cerilla que se consume, dicen, y Adriana finge no saber nada, conservando el destello mágico que emana de las amistades peligrosas.

Sea como fuere, los jefes de las tribus con el corazón de hierro han enviado rastreadores a sondear las alas. Se han echado al monte a contar indios y estrellas y todo parece indicar que las matemáticas escritas en los astros del firmamento están de su lado. Tan sólo esperan a que asome entre las dunas la silueta de un coyote y les susurre bajo la luna dos apellidos y un nombre antes de que se ponga el sol en Madrid y la FSA termine convertida en arena y polvo del desierto.

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