“Lo que algunas administraciones están planteando no es otra cosa que volver a matar lobos”

El biólogo Emilio de la Calzada es uno de los portavoces del recién creado Fondo para la Protección del Lobo Ibérico.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

“Estamos cristalizando todos nuestros miedos infantiles en la figura del lobo”. La afirmación va más allá de una simple metáfora cultural: representa, en palabras de quien la sostiene, un diagnóstico del lugar que ocupa hoy el lobo ibérico en la imaginación colectiva y en las decisiones políticas. Así lo plantea Emilio de la Calzada, uno de los portavoces del recién creado Fondo para la Protección del Lobo Ibérico, que esta semana ha echado a andar con una ambición tan urgente como decidida: recaudar más de 200.000 euros para dar la batalla legal, educativa y social por la defensa del lobo.

La iniciativa, impulsada desde la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica y respaldada por más de veinte entidades —entre ellas Greenpeace, la Coordinadora Ecoloxista, Ecologistas en Acción y varias organizaciones portuguesas—, se presentó el pasado lunes 22 en Xixón, coincidiendo con el Día de la Tierra. Al día siguiente, el crowdfunding comenzó su andadura en la plataforma Mi grano de arena, logrando más de 13.000 euros en sus primeras 24 horas.

¿El detonante? Desde la visión de los promotores del “Fondo Lobo”, esta iniciativa se presenta como respuesta directa a la exclusión del lobo del listado de especies protegidas, un cambio que consideran carece de base científica y agrava la situación ecológica. Una decisión que, para los impulsores del fondo, abre la puerta a que comunidades como Asturias, Galicia o Cantabria retomen la gestión letal del lobo, pese a que su eficacia está científicamente cuestionada.

Emilio de la Calzada. Foto: Gabriel Menéndez.

“Lo que algunas administraciones están planteando no es otra cosa que volver a matar lobos —más de cincuenta en Asturias, cuarenta en Cantabria— bajo el pretexto de reducir los daños”, denuncia de la Calzada. “Pero los daños no se reducirán. Solo se alterará el equilibrio ecológico”, advierte con un tono que combina convicción pedagógica y firmeza argumental.

En sus respuestas, el biólogo traza un mapa claro de lo que en su opinión está en juego: desde los retos legales que plantea la exclusión del lobo del régimen de protección especial hasta la necesidad de desmontar mitos profundamente arraigados en el imaginario colectivo de la opinión pública. Para Emilio de la Calzada, no se trata solo de defender a una especie acosada, sino de “una forma de medir el compromiso del país con sus propios ecosistemas, su ciencia y su futuro ambiental.”

Impacto del cambio normativo

¿Qué efectos puede tener la reciente modificación legal sobre el lobo ibérico y por qué decidieron responder desde el ecologismo con esta iniciativa?

El fondo nace como respuesta directa a la aprobación, a principios de abril, de la Ley de Desperdicio Alimentario, en la que varios grupos políticos introdujeron enmiendas que excluyen al lobo ibérico del listado de especies en régimen de protección especial. Este cambio legal, aprobado mediante una votación parlamentaria, contradice frontalmente la normativa vigente, que establece que la inclusión o exclusión de una especie en ese listado debe basarse en criterios científicos. La ley obliga a un proceso con participación pública, informes técnicos y la intervención de una comisión científica. Sin embargo, en este caso se ha evitado todo ese procedimiento, lo que supone una vulneración del marco legal que regula la conservación de la biodiversidad. Frente a esta situación, decidimos impulsar el Fondo para la Protección del Lobo Ibérico como herramienta de respuesta, tanto desde el ámbito social como jurídico. Nuestro objetivo es revertir esta decisión y exigir que cualquier cambio se haga conforme a la ley y al conocimiento científico. No podemos permitir que decisiones de esta envergadura se tomen por vías que ignoran los principios fundamentales de la conservación.

“Está demostrado científicamente que matar lobos no reduce los daños al ganado. De hecho, ocurre lo contrario.”

¿Qué consecuencias prácticas prevén ustedes tras la exclusión del lobo del listado de especies protegidas, especialmente en territorios como Asturias?

Tiene implicaciones muy serias. En 2021 se logró, tras años de esfuerzo y trabajo científico, que el lobo fuera incluido en el listado de especies estrictamente protegidas, como ya ocurría en muchos países europeos. Esta decisión fue avalada por el Comité Científico gracias a una iniciativa de ASCEL, la Asociación para la Conservación y el Estudio del Lobo Ibérico. Hasta ese momento, el lobo solo estaba estrictamente protegido al sur del Duero; al norte, como en Castilla y León o Asturias, su protección era parcial. Esa dualidad se superó en 2021, tras una larga reivindicación desde el ámbito conservacionista, logrando que toda la población ibérica del lobo pasara a estar bajo la misma figura de protección. Entre 2021 y 2025, ese cambio significó que no se pudo cazar legalmente al lobo. La gestión de los daños al ganado no se hacía mediante batidas o muertes, sino a través de ayudas económicas y medidas preventivas financiadas por el Gobierno central. Se destinaron, por ejemplo, veinte millones de euros anuales para compensar daños y promover la prevención. Castilla y León, que hasta entonces no había pagado ni un solo daño por lobo, empezó a hacerlo gracias a esos fondos. Esa es, precisamente, la vía adecuada: la prevención, la compensación, y no la muerte del animal. Sin embargo, al excluir ahora al lobo del listado de protección especial, lo que algunas comunidades autónomas —como Asturias, Cantabria o Galicia— ya están planteando como “gestión” es, simplemente, volver a matarlos. Y todo indica que Castilla y León podría seguir el mismo camino en breve. El problema es que está demostrado científicamente que matar lobos no reduce los daños al ganado. De hecho, ocurre lo contrario: al eliminar ejemplares, se desestructuran los grupos familiares, y los individuos restantes, al perder su estructura social y experiencia de caza, tienen más dificultad para cazar presas silvestres. En consecuencia, recurren más fácilmente al ganado, que no tiene mecanismos naturales de defensa. Por tanto, lo que vamos a ver, si no se revierte esta decisión, es que volverá a permitirse la muerte de lobos bajo la etiqueta de “gestión”, pero sin que eso tenga ningún efecto positivo en la reducción de daños. Al contrario: podría agravarlos.

Llobu ibéricu.

¿Qué actores sociales han influido en este cambio legal y cómo valora su papel en el debate sobre la gestión del lobo?

La presión por parte de algunos ganaderos existe y, además, es desproporcionada si la comparamos con el nivel real de incidencia del lobo en la ganadería. Los daños provocados por esta especie no representan ni el 1 % de la cabaña ganadera en ninguna comunidad autónoma. No hay una correlación objetiva entre ese nivel de daño y el alarmismo que se traslada a través de muchos medios de comunicación. Esa imagen exagerada responde, en gran parte, a la acción de grupos de presión del ámbito ganadero que amplifican su mensaje con un enorme eco mediático. No se puede generalizar desde casos puntuales. La realidad es que más del 90 % de las ganaderías no registran ni un solo daño por lobo. Los incidentes se concentran en explotaciones muy concretas, que en muchos casos no aplican adecuadamente las medidas preventivas ni realizan un manejo cuidadoso del ganado. Es ahí donde habría que actuar, no en exterminar al lobo.

Objetivos de fondo para la defensa del lobo

¿Cuáles son los principales objetivos del fondo recientemente presentado y cómo se distribuirán los recursos si se logra la financiación prevista?

Efectivamente, el fondo se ha lanzado con una campaña de crowdfunding que busca movilizar el apoyo ciudadano. La cantidad fijada —algo más de 219.000 euros, IVA incluido— se ha estimado en base a un presupuesto realista que contempla los distintos frentes que queremos cubrir. El objetivo prioritario es sostener la batalla jurídica. Para ello contamos con un equipo legal especializado en derecho ambiental, encabezado por el abogado Jaime Doreste, con una sólida trayectoria en este ámbito. La mayor parte de los fondos irá destinada precisamente a las acciones judiciales que se emprenderán para revertir la exclusión del lobo del régimen de protección especial. Pero no será el único frente. Otra parte del presupuesto se dedicará a la divulgación y a contrarrestar el relato sensacionalista que domina actualmente el discurso público. Queremos poner sobre la mesa datos científicos, estudios contrastados y una visión rigurosa de lo que implica la convivencia con el lobo. En muchos países —y también en algunas regiones de España— está demostrado que matar lobos no reduce los daños al ganado. Al contrario: desestructurar los grupos familiares aumenta el riesgo de ataques, ya que los lobos sin grupo tienen más dificultades para cazar presas silvestres y optan por el ganado como recurso fácil. En el fondo, lo que algunas administraciones están planteando es matar decenas de lobos —más de cincuenta en Asturias, cuarenta en Cantabria— con el pretexto de reducir los daños. Pero los daños no se reducirán. Solo se alterará el equilibrio ecológico. La gran pregunta es: ¿cuál es la solución? ¿Matarlos a todos? Si ese es el objetivo, al menos que se diga claramente. Que quienes defienden el exterminio lo expongan abiertamente. Porque nosotros creemos que existen alternativas eficaces que no implican matar a un depredador clave en los ecosistemas ibéricos.

“Cuando alguien quiere señalar que algo es peligroso o malvado, lo llama “lobo”. Canis lupus es una especie. Es un depredador, sí, pero también es una figura cultural sobrecargada de significados simbólicos.”

¿Qué tipo de acciones educativas y de comunicación tienen previstas para generar un debate más informado sobre la figura del lobo?

Efectivamente, una de las líneas prioritarias del proyecto es desmontar la imagen distorsionada que se ha construido en torno al lobo ibérico. Para ello se van a llevar a cabo distintas campañas educativas y divulgativas. En primer lugar, organizaremos charlas educativas en centros escolares, con el objetivo de trasladar una visión científica y equilibrada de lo que representa esta especie. Además, queremos poner en marcha unas jornadas en las que participen todas las comunidades autónomas que tienen presencia de lobo, para debatir sobre su gestión. Otra cosa es que esas administraciones quieran asistir, claro. Pero nuestra intención es reunir tanto a la parte gestora —personas que hoy tienen responsabilidades políticas o técnicas— como a la comunidad científica. Si con una jornada no es suficiente, se repetirán las veces que sea necesario. Paralelamente, vamos a impulsar campañas divulgativas a través de la web del fondo y de redes sociales. Utilizaremos vídeos, audios, material gráfico y todo lo que nos ayude a contrarrestar el relato simplista y alarmista que muchas veces domina en el debate público. La narrativa más común reduce al lobo a una figura destructiva que “mata por placer”, como si fuera un sádico. Sin embargo, eso no se sostiene con datos ni con observación científica. El lobo actúa guiado por su naturaleza, no por maldad. Lo que sucede es que sobre esa realidad proyectamos miedos culturales muy antiguos. En Europa, y especialmente en el hemisferio norte, hemos cristalizado nuestros temores infantiles en la figura del lobo. Desde cuentos como Caperucita Roja, el lobo se ha convertido en sinónimo de amenaza. Cuando alguien quiere señalar que algo es peligroso o malvado, lo llama “lobo”. Canis lupus es una especie. Es un depredador, sí, pero también es una figura cultural sobrecargada de significados simbólicos. En él hemos depositado toda una serie de relatos, bulos, medias verdades y falsedades intencionadas que ya forman parte del imaginario colectivo. Nuestro objetivo es desmontar, poco a poco, esa imagen tan terrible que se ha construido en torno al lobo ibérico.

Lobo ibérico.

En el terreno legal, ¿qué dificultades prevén y cuáles serían los objetivos a alcanzar mediante las acciones judiciales?

La situación es especialmente compleja. Si el problema se limitara al ámbito estatal, dentro de España, quizá sería más abordable, porque podríamos contar con el respaldo de la normativa europea. Sin embargo, ahora nos enfrentamos también a un contexto europeo que ha virado en dirección contraria. Este mismo mes se ha modificado el Convenio de Berna —un tratado internacional de los años 80 que hasta ahora consideraba al lobo como especie “estrictamente protegida”— para rebajar su categoría simplemente a “protegida”. Y por si fuera poco, la Directiva Hábitats, fundamental en la legislación ambiental europea, también va a transponer ese cambio, reduciendo así el nivel de protección del lobo en todo el territorio comunitario. Esta deriva está influida, además, por factores políticos y personales. Por ejemplo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha tenido una posición muy crítica hacia el lobo desde que, en 2023, un ejemplar matara a un pony suyo que llevaba 30 años con ella. A raíz de aquel hecho, ella misma lideró un discurso más beligerante hacia esta especie. Incluso se han oído declaraciones dentro de la Comisión y del Parlamento Europeo alertando de un supuesto riesgo para la población humana. Esto ha reforzado una narrativa que ya venía creciendo en medios y discursos políticos, también en España —Cantabria es un ejemplo reciente—, alimentando la idea de que el lobo representa una amenaza directa. En este contexto, nuestro objetivo es claro: lograr que el lobo vuelva al listado español de especies en régimen de protección especial. Porque, para que una especie pueda ser excluida de ese listado, es imprescindible que su estado de conservación sea científicamente favorable. Y hoy por hoy, no existe ningún estudio riguroso que pueda demostrar que la población ibérica del lobo se encuentra en un estado favorable. No hablamos de un caso local, de un municipio concreto donde haya dos grupos que se encuentren bien. Hablamos del conjunto de la población ibérica, y la ciencia, a día de hoy, no avala que su situación sea estable ni segura. Por eso, la batalla jurídica que se abre será larga y difícil, pero imprescindible. Y deberá estar liderada, como es lógico, por juristas especializados y por el respaldo científico necesario para fundamentar cada paso.

“Desde Portugal se observa esta deriva con preocupación. Y por eso han decidido apoyar públicamente nuestra acción.”

Retos, sinergias y posibilidades de convivencia

Dado el contexto también europeo, ¿qué tipo de colaboración están estableciendo con organizaciones de otros países, como Portugal?

Se están generando sinergias claras. Fíjese que, aunque compartimos un contexto político y geográfico con Portugal, allí el lobo está estrictamente protegido. No se permite ningún tipo de gestión basada en la muerte de individuos. En su lugar, se aplican medidas preventivas, indemnizaciones y otras formas de gestión no letal. Precisamente por eso, varios grupos conservacionistas portugueses se han sumado a esta iniciativa. Saben que cualquier gestión letal en las zonas fronterizas del lado español —Galicia, León, Zamora, Orense, Pontevedra— afectará directamente a los grupos de lobos que comparten territorio entre ambos países. En zonas como Salamanca, al sur del Duero, el impacto es menor, pero en el resto de la frontera hay una conexión ecológica clara. Por eso, desde Portugal se observa esta deriva con preocupación. Y por eso han decidido apoyar públicamente nuestra acción.

El proyecto se ha organizado en apenas dos semanas. ¿Cómo se ha logrado articular en tan poco tiempo un proyecto con la participación de tantas organizaciones?

La coordinación ha sido un esfuerzo monumental, fruto del trabajo de muchísimas personas vinculadas a la plataforma. Celebramos una asamblea a finales de marzo y allí decidimos poner en marcha esta iniciativa. A partir de ese momento, se desplegó una labor intensa de organización y colaboración. Como ocurre tantas veces en el ámbito del ecologismo, ha sido un trabajo impulsado por pura convicción. Hemos sacado horas de donde no las había, incluso dejando de lado otros compromisos personales o profesionales, para sacar adelante el proyecto. La coordinación ha implicado contactar con cientos de personas y entidades, tejer redes, sumar apoyos… Y, gracias a ese esfuerzo colectivo, hemos conseguido lanzar la campaña en apenas quince días. Muchos de los que formamos parte de esta plataforma ya teníamos contactos previos, especialmente en el ámbito de la investigación. Algunos llevaban tiempo colaborando con colegas portugueses, así que fue fácil tender esos puentes. No es algo improvisado: las redes ya estaban en marcha, solo había que activarlas.

Lobo ibérico

¿Existen experiencias, como la de Portugal, que sirvan de ejemplo para una convivencia viable entre lobo y ganadería extensiva?

Desde luego. Portugal es un ejemplo muy válido de cómo puede gestionarse la coexistencia con el lobo sin recurrir a la eliminación de individuos. No significa que allí no haya daños, pero hay menos, porque las medidas preventivas se aplican de manera sistemática y con apoyo institucional. Y lo más importante: no existe esa aversión generalizada que sí encontramos, por ejemplo, en regiones como Asturias, donde es muy difícil encontrar a un ganadero que no tenga un discurso abiertamente hostil hacia el lobo. En Cantabria ocurre algo similar. Sin embargo, hay ejemplos clarísimos que demuestran lo contrario. Muchos ganaderos portugueses, por ejemplo, reconocen la presencia del lobo en su entorno, pero también afirman que no sufren grandes problemas. Y lo dicen con naturalidad, sin necesidad de dramatismos. Hay incluso un documental grabado en el Macizo Central de Orense, una zona con presencia estable de lobos y ganadería extensiva. En él se recogen testimonios de varios ganaderos que conviven a diario con la especie, observan sus rastros, y aplican medidas como el uso de perros guardianes. No lo viven como un conflicto. Y no es un caso aislado. También en el norte de Burgos hay ganaderos que defienden abiertamente la convivencia. En el Bierzo, donde vivo, hay varios grupos de lobos. De vez en cuando puede haber alguna incidencia, pero no existe un malestar generalizado. No se está en la prensa constantemente reclamando su erradicación. En definitiva, sí: la coexistencia es perfectamente posible. ¿El daño cero? No, eso no se puede garantizar. Pero si las administraciones hacen su parte, si apoyan al ganadero cuando hay un problema, si ayudan en la prevención, entonces sí se puede alcanzar un equilibrio.

“Así como hay mieles que se producen en zonas con presencia de oso y se etiquetan como “miel del país del oso”, podríamos tener carne que proviene de territorios donde hay lobos y que refleje esa convivencia.”

¿Cómo imaginan el escenario ideal para el lobo ibérico a medio plazo?

El mejor escenario, sin duda, sería que el lobo volviera al listado de especies estrictamente protegidas. Pero además, sería fundamental que existiera un compromiso claro por parte de las administraciones para apoyar a los ganaderos que puedan sufrir daños. Ese apoyo no debería limitarse solo a indemnizaciones. Hablamos de facilitar perros guardianes adecuados, establecer compensaciones justas y ágiles, y, sobre todo, reconocer el valor añadido de la ganadería extensiva que convive con fauna salvaje. No puede ser que una canal de vacuno criada en extensivo tenga el mismo precio que una de cebadero. Igual que estamos dispuestos a pagar más por productos ecológicos, deberíamos hacerlo también por una carne que representa sostenibilidad y coexistencia. Debería existir un distintivo, una marca de calidad. Así como hay mieles que se producen en zonas con presencia de oso y se etiquetan como “miel del país del oso”, podríamos tener carne que proviene de territorios donde hay lobos y que refleje esa convivencia. Yo sería el primero en consumirla y pagar un poco más por ella. En resumen, hay muchas herramientas posibles para cambiar la percepción sobre el lobo y fomentar la convivencia. Lo que no podemos aceptar es esa inquina desmedida que, cuando se verbaliza sin filtros, lleva a frases como “la única solución es acabar con todos los lobos”. Y no, no lo es.

Un lobo en Asturias FOTO: Jesús García Díaz

¿Qué argumentos daría a quienes tienen dudas sobre la necesidad de proteger al lobo ibérico?

Vivimos un momento crítico a nivel planetario. Algunos científicos hablan ya abiertamente de la “sexta extinción”, una pérdida masiva de biodiversidad en la que estamos eliminando piezas clave de los ecosistemas sin darnos cuenta. Cada vez que simplificamos un sistema natural, nos acercamos más a nuestra propia desaparición. Al contrario, mantener los ecosistemas vivos, completos y funcionales es nuestra mejor garantía de supervivencia. Un territorio sin grandes depredadores no es un ecosistema sano. Vayamos, por ejemplo, a Sierra Morena occidental, donde no hay lobos. Hay ungulados, sí, pero el ecosistema está desequilibrado, le falta algo esencial. El lobo presta servicios ecológicos vitales. Regula las poblaciones de ungulados como ciervos, corzos o jabalíes. En lugares como Doñana o Monfragüe, donde no hay lobos, la sobrepoblación de ciervos impide la regeneración del bosque: devoran cada nuevo brote. El lobo, además, elimina a los individuos más débiles o enfermos, mejorando la salud genética de esas poblaciones. También actúa como barrera sanitaria: al eliminar animales silvestres enfermos, reduce el riesgo de que esas enfermedades pasen a la ganadería doméstica. Y estudios recientes muestran que donde hay lobos, hay menos accidentes de tráfico provocados por fauna. Al regular las poblaciones de ungulados, se reducen los atropellos. Proteger al lobo es proteger al bosque, a la agricultura, a la salud ganadera, a la seguridad vial… y, en última instancia, protegernos a nosotros mismos.

Antes de cerrar, ¿cómo puede participar quien quiera apoyar económicamente esta causa? ¿Es a través de la página web?

Sí, efectivamente. El crowdfunding busca canalizar el apoyo de todas las personas que comparten nuestra preocupación por la situación del lobo ibérico y que creen en este proyecto. Participar es muy sencillo. Basta con entrar en fondolobo.org, donde se encuentra toda la información detallada. Desde allí, se puede acceder directamente a la plataforma Mi grano de arena, que es donde se centralizan las donaciones. También se puede buscar directamente el proyecto “Fondo Lobo” en www.migranodearena.org. Además, conviene recordar que todas las donaciones tienen beneficios fiscales: el 80 % de lo que se dona puede deducirse en la declaración de la renta del año siguiente. Por ejemplo, una donación de 100 euros supone una deducción de 80 euros en la base imponible. La campaña comenzó el 22 de abril, coincidiendo con el Día de la Tierra y estará activa hasta el 4 de julio. Una fecha elegida para cerrar una semana completa de actividad y dar tiempo suficiente a que la sociedad civil responda. La gente debe comprender que proteger al lobo no es solo una causa ecologista: es una defensa del equilibrio que sostiene nuestros propios pasos.

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