Tino

En una comida te sacaba un bolígrafo y te dibujaba a mano alzada mapas sobre el papel para explicarte la ubicación de los diferentes pueblos y conflictos.

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Fran Rey
Fran Rey
Es profesor de química y miembro del Secretariado de SUATEA.

Se nos ha ido Tino y todavía no lo creo. Se va un referente en el plano intelectual y en el plano militante. Pero lo peor es que se va el compañero que me explicaba la incomprensible historia de los países árabes, las sutiles diferencias entre movimientos nacionalistas que yo veía idénticos, o el orígen de muchas estructuras políticas actuales que él conoció cuando no eran más que embriones. Sin Tino me invade la aterradora sensación de que ya no voy a aprender nada más. Este hombre con aquella bibloteca inmensa (“yo en cada estante tengo el doble de libros: en el hueco de cada libro pongo uno delante y otro detrás, porque no tengo espacio”, decía siempre) siempre estaba ahí para resolverme dudas sobre los pueblos más recónditos y minoritarios que existen.

Era profesor de Geografía e Historia, pero su propia vida era Historia misma. Si queréis una ligerísima aproximación podéis leer la genial entrevista que Pablo Batalla le hizo en Nortes. Pero para poder profundizar un poco más se necesita una entrevista mucho más extensa: 1 200 km de extensión. Necesitamos un viaje de ida y vuelta a Zaragoza (Uvéu-Zaragoza: 600 km de historias para ir y otros 600 para volver) para repasar toda su trayectoria: su origen en Cantabria, su temprana militancia en el PSOE, sus historias en la Unviersidad de Ovedo, su militancia en la LCR, su actvismo pionero en XEGA, su compromiso social e internacionalista en el COSAL… Todo ello a la vez que iba explicando a nustro paso como el Ebro iba forjando aquel paisaje, y, de paso, nos hacía una radiografía de todo el relieve de la Península Ibérica o nos explicaba fenómenos meteorológicos como la inversión térmica. Todo con ese lenguaje tan didáctico que te permitía visualizar en 3D el origen de cada sistema montañoso.

Tino era un referente de la izquierda tanto en la vertiente teórica como en la práctica, pues fue a la vez un intelectual analítico y un militante comprometido. Su labor intelectual se puede ver en sus artículos de Viento Sur, en sus investigaciones sobre los movimientos armados, de las nacionalidades oprimidas, o su vastísimo conocimiento de los movimientos minoritarios de izquierda. Su labor militante se desarrolló en los tres planos en los que se puede hacer desde la izquierda: en el plano político-partidista, en el activismo social y en el sindicalismo

Tino al frente de una movilización por un callejero democrático en Oviedo/Uviéu. Foto: Iván G. Fernández

En primer lugar en el plano político-partidista (en sus comienzos en las Juventudes Socialistas, donde llegó a compartir mítin con Felipe González, y, especialmente, en su militancia en la Liga Comunista Revolucionaria), en segundo lugar, en el plano del activismo social, que fue el grueso de su vida militante: fue cofundador de XEGA, activista del COSAL, y su compromiso con los derechos humanos lo llevó a lugares como Colombia o el Kurdistán turco, donde sufrió la represión policial cuando actuaba como observador en las elecciones turcas. Y es que si pienso en cuál es para mi “el tema estrella” de Tino, lo tengo claro: el pueblo kurdo. La defensa de los derechos de los kurdos pesó muchísmo tanto en la actividad intelectual como en la militancia práctica de Tino Brugos. El plano del activismo social es la dimensión principal en Tino, porque él siempre fue, ante todo, un defensor de la democracia y los derechos humanos. Jamás tuvo en denunciar la conculcación de los derechos humanos, independientemente de quién la hiciera. Esto no es fácil en la izquierda: hay que ser valiente (como lo era él) para criticar entre los tuyos a Daniel Ortega y su paso de revolucionario a dictadorzuelo o para alzar la voz contra la restricción de los derechos humanos no solo cuando la hacen las dictaduras de derechas, sino también los regímenes comunistas.

Su última etapa militante la hizo como sindicalista. Fue delegado sindical de SUATEA y su voz en los medios en múltiples ocasiones. Fue el responsable de Política Sindical de la Confederación Intersindical, y fue el principal impulsor de la Intersindical Asturiana. Ahí, en su etapa de sindicalista, fue cuando conocí a Tino, especialmente, durante el año y medio que compartimos despacho en la sede de SUATEA. Por su culpa tengo en mis estantes libros con títulos rarísimos como “Una historia de la violencia en Oriente Medio”. Como todo el mundo, aprendí muchísimo de él. No es posible no aprender de Tino, porque él nunca se dedicó a la docencia por casualidad. Creo que una de las cosas por las que conectábamos era que teníamos eso en común: la docencia no es simplemente nuestro trabajo, no trabajamos de profesores, sino que somos profesores que supimos convertir lo que sabemos hacer en nuestro puesto de trabajo. Tino enseñaba porque le gustaba y porque no sabía no hacerlo. Así, en una comida te sacaba un bolígrafo y te dibujaba a mano alzada mapas sobre el papel para explicarte la ubicación de los diferentes pueblos, los conflictos, y los procesos históricos de cada región del planeta.

Siempre conectamos bien. Y, sin embargo, el último intercambio de WhatsApps que tengo con él fue para decirle que me pareció desafortunada una intervención suya sobre un informe en la última asamblea del sindicato. Puta vida. “Val… falamos…”, fue lo último que me dijo. Pero ya nun pudimos falar más.

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