“La verdad es que no tengo mucho que decir, ni demasiada decepción porque no esperaba nada de la reunión”. Así responde el biólogo Alfredo Ojanguren, profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu, a la pregunta de qué le ha parecido la última COP30, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que tuvo lugar en Belém, Brasil, entre el 10 y el 21 de noviembre, y que concluyó sin ningún acuerdo sobre la erradicación de las energías fósiles.
“La propuesta pasaba por planear en serio, esta vez sí, el abandono de los combustibles fósiles, pero la presión de los países cuyas economías dependen de ello, fue más fuerte que los intentos, tímidos en mi opinión, de avanzar en esos planes” concluye Ojanguren, miembro de la asociación Geotrupes, y una voz muy crítica con las políticas medioambientales del Gobierno asturiano.
“El boicot de EEUU y de los países productores de petróleo estuvo claro” apunta Fructuoso Pontigo “Fruti”, de la Coordinadora Ecoloxista. Y es que la fallida COP30 ha puesto de manifiesto el avance de una reacción anticlimática que tiene en Trump al máximo exponente, pero no el único, de una Internacional en defensa de los combustibles fósiles con ramificaciones en todo el planeta. Una Internacional que no solo es de las elites políticas y económicas, sino que también ha logrado construir una amplia base popular de apoyo. Personas que desconfían del ecologismo, cuestionan o incluso niegan las evidencias científicas sobre el cambio climático, y que en general consideran que las medidas mediombientales son caprichos ideológicos que agreden sus empleos o sus formas de vida.

Frente a lo que parecía un inexorable avance de las políticas verdes, acelerado tras la pandemia, nos encontramos ahora con un inesperado frenazo en muchos países. Paco Ramos, militante de Ecoloxistes n´Aición d´Asturies considera que “el cierre de las centrales térmicas de carbón ha permitido una reducción real de emisiones, pero los avances se detienen ahí”.
Frente a lo que parecía un inexorable avance de las políticas verdes nos encontramos ahora con un inesperado frenazo en muchos países
Los proyectos para la electrificación de ArcelorMittal con energías limpias se han detenido y en general la descarbonización avanza mucho más lenta de lo previsto, aunque España siga siendo uno de los países líderes en la producción de renovables. “La industria asturiana continúa siendo un foco significativo de CO₂ y apenas ha iniciado una transformación estructural” explica Ramos, muy crítico con la apuesta por una instalación como la regasificadora de El Musel, contradictoria con la apuesta por las energías verdes. Incrementar las exportaciones de gas licuado a la UE es precisamente uno de los principales puntos de la agenda comercial de Trump.
El rearme contra el Green New Deal
Que lo que iba a ser una gran fábrica de producción de infraestructuras para eólica en el antiguo Tallerón de Duro Felguera, en Xixón, vaya a ser finalmente una factoría militar dedicada a la construcción de blindados da una pista sobre el cambio de prioridades que se está dando en una UE en la que la industria de guerra, y no el llamado keynesianismo verde o Green New Deal, vuelve a ser visto como la gran palanca de desarrollo económico del continente.

Por último, Ángela Otero, de Greenpeace Asturies, añade la preocupación por otro aspecto no abordado en la COP30: los bosques. Para la activista es “decepcionante” que se haya abandonado la protección de los bosques, tal y como reclamaban las organizaciones sociales, “sobre todo teniendo en cuenta que la cumbre se celebraba en plena Amazonía”.
No se trata solo de una cuestión de biodiversidad. Los bosques capturan el CO2 y enfrían el planeta. Un elemento regulador que se encuentra amenazado por una visión puramente productivista de estos espacios. No solo en la Amazonía. También en Asturies.
































