Ciudad Naranco, un barrio acostumbrado a pelear por lo público

El barrio ovetense, con una larga tradición reivindicativa, volverá a manifestarse este viernes en defensa de equipamientos culturales y deportivos.

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Diego Díaz Alonso
Diego Díaz Alonso
Historiador y activista social. Escribió en La Nueva España, Les Noticies, Diagonal y Atlántica XXII. Colabora en El Salto y dirige Nortes.

Este viernes a las 18h los vecinos y vecinas de la Ciudad Naranco volverán a manifestarse por la plena reapertura de su centro social, en obras desde octubre, y por la construcción de un polideportivo y unas piscinas públicas, histórica reivindicación de este barrio ubicado en la ladera del monte, en el que los principales equipamientos han venido siempre de la mano de la organización vecinal y la lucha en la calle.

Ciudad Naranco, durante décadas un arrabal de la capital asturiana, ubicado más allá de la estación del Norte, entre el monte, la cárcel y la zona de almacenes industriales, comenzó a planificarse en los años 30, pero tuvo su gran boom a partir de los 50, de la mano del constructor Julián Rodríguez. Lo que inicialmente era la Colonia Astur, una suerte de ciudad-jardín para clases trabajadoras, algunas incluso con huertas y corrales, comenzó a partir de los años 70 a tomar una morfología más urbana y menos rural. Llegaron la urbanización, el asfalto, pagado a escote por los vecinos de un barrio abandonado por el Ayuntamiento, las aceras, los bloques de pisos, y también las demandas de un movimiento vecinal que comenzaba a desarrollarse en toda España al calor de la transición democrática y las grandes necesidades de barrios que habían crecido de manera exlosiva y desorganizada, sin equipamientos ni servicios básicos.

Pavimentación del barrio en los años 70.

La histórica asociación de vecinos del barrio tuvo que pelear en esos primeros años de la democracia la transformación en el parque de San Pedro de lo entonces que era un descampado. Milio del Nido, uno de los veteranos de aquella época, recuerda también la lucha por desmantelar los barracones en los que estudiaban los niños y niñas del barrio, y la pelea que dieron las familias por lograr los colegios públicos de San Pedro de los Arcos y el Parque Infantil, así como el Instituto Monte Naranco. Entre las anécdotas de aquellos años, Milio destaca reivindicaciones tan básicas como lograr que el Ayuntamiento suprimera un poste colocado en mitad de la calle, abandonado por una empresa que explotaba una de las canteras del monte, y que ni siquiera se había molestado en retirar aquel obstáculo a la movilidad de los vecinos.

Los 80 fueron años de mucha cohesión y dinamismo en un barrio con un activo movimiento vecinal

Los 80 fueron años de mucha cohesión y dinamismo en un barrio con un activo movimiento vecinal que también organizada unas importantes fiestas, y del que saldría un equipo de balonmano, El Naranco, que llegó a jugar en primera, una auténtica hazaña para un modesto club de barrio, y prueba del fuerte respaldo popular con el que los deportistas contaban.

También de la mano de Milio y otros entusiastas de la música tradicional surgieron en el barrio los pioneros grupos de música y baile Los Urogallos y Andecha Folclor d´Uviéu, cantera de grandes gaiteros como Xuacu Amieva y Flavio Rodríguez, y que llevaron durante años el folclore asturiano por toda España y Europa.

Partido de balonmano en los años dorados del Naranco.

Si bien entre los 80 y 90 llegaron de la mano de los ayuntamientos algunas importantes infraestructuras como la Pista Finlandesa, en época del socialista Antonio Masip, y el centro social, en los años de Gabino de Lorenzo, por el camino se quedaron promesas electorales como unas piscinas municipales por las que el barrio sigue esperando.

En los primeros 2.000 se vivirían nuevas movilizaciones vecinales. Exitosas por un centro de salud y por la mejora de la accesibilidad en un barrio marcado por sus empinadas cuestas, y fallidas por la conservación de la histórica centralilla eléctrica, un elegante edificio industrial de principios del siglo XX, finalmente derribado en una oscura operación urbanística orquestada por Ayuntamiento, Principado e Hidroeléctrica del Cantábrico, empresa que no dudó en desoir las peticiones de conservación para hacer caja a costa de su propio patrimonio industrial. Su recuerdo da ahora nombre a una de las asociaciones del barrio, La Centralilla, e inspiró un mural del festival Parees.

Más recientemente el barrio ha vivido importantes manifestaciones populares, esta vez con éxito, por la ampliación del puente de Nicolás Soria, uno de sus principales accesos, así como contra la construcción de la Ronda Norte, una autopista que levantaría un muro de hormigón y asfalto entre la Ciudad Naranco y uno de sus principales atractivos, la cercanía a la ladera del monte.

Mural inspirado en La Centralilla de Lorenzo Abrueñedo.
Manifestación contra la Ronda Norte. Foto: Alisa Guerrero
Concentración en el centro de salud de Ciudad Naranco. Foto: Iván G. Fernández
Foto: Pablo Lorenzana.

Con más de 15.000 habitantes y un crecimiento sostenido y constante, el nuevo asociacionismo barrial, liderado por Activa Ciudad Naranco y Ciudad Naranco en Lucha, reclama ya no cuestiones tan básicas como las de sus predecesores de los años 70, 80 y 90, pero sí otras importantes demandas cívicas que tienen que ver con la mejora de la calidad de vida. Más zonas verdes, espacios para el ocio, el deporte, la cultura y la vida saludable.

Los vecinos, que han recuperado también las fiestas de barrio, apoyan la continuidad del Kuivi, uno de los pocos avances que se han dado en la regeneración de la degradada zona de Almacenes Industriales.

Este viernes Ciudad Naranco volverá a hacer gala de su larga tradición en defesa de lo común y lo público con una marcha que partirá a las 18h desde las obras de las pistas de atletismo.

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