La izquierda, Sánchez y el cruce de libertad(es) y justicia social

La izquierda tiende a ser el residuo de la democracia liberal, el sermón conservador de la convivencia, las libertades y bla bla.

Recomendados

Enrique Del Teso
Enrique Del Teso
Es filólogo y profesor de la Universidad de Oviedo/Uviéu. Su último libro es "La propaganda de ultraderecha y cómo tratar con ella" (Trea, 2022).

¿Cómo de contentos tienen que estar los demócratas con Sánchez? ¿Cómo de contenta tiene que estar la izquierda con Sánchez? No es la misma pregunta. La izquierda tiende a ser el residuo de la democracia liberal, el sermón conservador de la convivencia, las libertades y bla bla. La derecha se va de la democracia y tiende a pulsiones antisistema (variaciones sobre «la democracia es un sistema fallido»). La izquierda tiende a virgencita que me quede como estoy y la derecha tiende a romperlo todo. Pero, aunque la izquierda sea lo que va quedando de la democracia liberal, las dos preguntas no son la misma.

¿Es Venezuela una dictadura?, preguntan con ansiedad los que no pueden contestar a la pregunta ¿fue Franco un asesino? Una mentira muchas veces repetida parecerá una verdad, decía Goebbels. E igual de cierta es la inversa, una verdad demasiadas veces repetida huele a gato encerrado. Será verdad, pero tantas veces Venezuela, todos los días Venezuela, como si no hubiera maldad donde elegir, huele a intereses. Por ejemplo, en El Salvador, a finales del año pasado, durante los mil días de estado de excepción de Bukele, habían sido detenidas 83.000 personas, el 2% de la población del país, según los datos de Amnistía Internacional. Esos datos hablan de torturas, desapariciones y 300 muertos bajo custodia del estado. Los datos de observatorios internacionales sobre Venezuela son también de degradación. Podríamos entretenernos con si es más dictadura Venezuela que El Salvador y El Salvador que Qatar, pero, buscando niveles en la degradación, podemos caer en la degradación. Enredando en si Franco fue mejor o peor que Mussolini y este que Hitler, de repente podemos encontrarnos trivializando una infamia porque había otra mayor.

Pero sí es legítimo comparar qué dictadura nos amenaza más. Puedo comparar si me siento más amenazado por el sistema de Venezuela, el de Qatar o el de Hungría. Lo cierto es que no veo fuerzas políticas ni sociales pretendiendo aquí sistemas como el de Qatar. Y tampoco como el de Venezuela, por mucho que cacareen. Pero sí veo fuerzas muy asentadas y financiadas pretendiendo un sistema autoritario como el de Orbán con proclamas parecidas; con el mismo odio táctico a minorías; con la misma propaganda basada en bulos; con el mismo fanatismo nacionalista y religioso, para que toda disidencia sea una afrenta a la nación y una ofensa en la cara de Dios, antipatriótica y blasfema, («el estado es responsable ante Dios», establece la constitución de Hungría de 2012); con la misma apetencia de eliminar controles institucionales; con el mismo control de los medios; con los mismos perfiles violentos; con el mismo impulso de eliminar servicios públicos, derechos y libertades. Eso es lo que veo en Vox y sectores cada vez más amplios del PP, cada vez más diluido en el primero. Y veo mucho dinero, nacional e internacional, alimentando fundaciones ultraderechistas, medios y pseudomedios ultras y canales de televisión. No sé qué dictadura es la peor, pero sí sé la que más me preocupa, me preocupan las tendencias autoritarias ultras parecidas a Hungría, porque son el peligro que tenemos en mi país.

Parlamento húngaro. Foto: Civertan Grafikai Stúdió

Retomemos la primera de las dos preguntas del comienzo. No vale solo con ser demócrata. Hay además que defender la democracia, porque está siendo atacada. Se suceden los intentos de derribar un gobierno democrático con artes autoritarias. Una minoría de jueces activistas ultras, en un cuerpo judicial mayoritariamente corporativo que considera intocable a cada juez, da lugar a procesos judiciales que se estiran sin pruebas ni indicios contra altas instituciones del estado y que se arrastran en los medios entre falsedades, confusiones, exageraciones y omisiones. El poder económico golpea fuerte contra el gobierno. Periodistas de peso cuentan en público haber recibido en la pandemia insinuaciones de las sagradas alturas de los bancos para encajar en una conspiración patriótica que derribe a Sánchez. Crecieron medios y falsos medios de ultraderecha como hongos pagados con grandes cantidades de dinero público y oscuras financiaciones privadas para crear ruido, descreimiento y antipolítica. Se baja el tono del discurso político al fango de la zafiedad, el insulto tabernario y el exabrupto quinqui. Crecen en el paúl ultra grupillos de matones, activistas agresivos y acosadores de políticos de izquierda. La democracia está siendo atacada. La primera pregunta, de las dos del comienzo, es si Sánchez está defendiendo la democracia y si está siendo eficaz en esa labor. Y hay que contestar que sí. Está siendo hábil y eficaz. Sacó adelante con pactos complejos mucha actividad legislativa, aprovechó con oficio las fortalezas de la posición geoestratégica de España y mantuvo la nave económica con cifras que nadie tiene en el entorno. Navegó y aguantó. Es el más listo de la clase y el facherío se desespera. Ni él ni el Fiscal General del Estado deben ceder al huracán involucionista de medios, jueces y acciones policiales irregulares. No importa si es por afán de poder. Lo que importa es que es la democracia lo que está sosteniendo. Es un político absolutamente ortodoxo con el sistema. La furia contra él no se explica por sus políticas, sino por el sectarismo de los furiosos. Es la democracia lo que sostiene.

Sede del Tribunal Supremo en Madrid. Foto: Luis García. Dominio Público.

Otra cosa es si la izquierda debe estar contenta con él. Parcialmente sí, por su buen servicio a la democracia. Pero estamos viendo el efecto implacable de la ortodoxia neoliberal, por compasiva que la hagan algunos residuos socialdemócratas. En latín había una diferencia perspicaz entre omnes, todos, en el sentido de todos y cada uno; y cuncti, el todo del que cada uno es una parte. Los coches tienen ruedas quiere decir que cada coche tiene ruedas. Los coches atascaban la autopista no quiere decir que cada coche la atascara, es la masa conjunta de coches la que la atascaba. Bill Gates dice que el cambio climático no extinguirá a la humanidad. Podemos añadir que una guerra nuclear tampoco. Pero morirían millones de humanos. Si la humanidad es cuncti humani, no hay problema con catástrofes climáticas o nucleares. La humanidad seguirá existiendo. Si la humanidad es omnes humani, esas catástrofes son horrores. Ya en HormigaZ, cuando el malo dice que hay que ahogar a todas las hormigas para empezar una nueva estirpe porque eso haría más fuerte a la colonia, una humilde obrera le dice: «pero la colonia somos nosotras». Para la obrera la colonia eran omnes formicae. España con Pedro Sánchez crece y es más rica. Pero los españoles son más pobres. Al neoliberalismo y a Sánchez hay que decirles que España es omnes hispani, es decir, que la colonia somos nosotros, que España son los españoles. El neoliberalismo desagrega, no da lugar a una sociedad donde todos nos protegemos, la desigualdad en los años de Sánchez no dejó de dispararse, cada vez es más difícil corregir la suerte con la que se nace. La gran herramienta de la justicia social son los benditos impuestos y los servicios alimentados por ellos. Nunca se habla en serio de educación, sanidad, protección social o crecimiento económico si no se habla de evasión fiscal. Los ricos cada vez pagan menos. No olvidemos que venimos de sociedades donde los ricos pagaban mucho más que ahora y ya eran muy ricos. Con la maquinaria de la redistribución de la riqueza mediante impuestos gripada, está gripada la justicia social. La justicia social es que cada ciudadano tenga acceso a los servicios que gestionan sus derechos con el máximo nivel de calidad que el país se pueda permitir. Un elemento insoportable de desigualdad ahora es la dichosa vivienda. Nada servirá para nada si no se tiene casa en la que vivir o se trabaja para el dueño de la casa. La izquierda tiene motivos para no estar contenta con Sánchez porque hay algo que no se puede esperar de él. Ni la vivienda, ni la evasión fiscal son cosas que se puedan arreglar por las buenas. Hay que ganar un cierto tipo de guerra. Es una cuestión de lucha de clases, lo de lucha en sentido estricto. Y Sánchez no hará eso. Llegado el momento, la izquierda lo tendrá enfrente. Los fachas lo odian porque son fachas pero, llegado el momento, él es un buen chico.

Actualidad

spot_img