“La vivienda social en Viena es para todos, no solo para los grupos más vulnerables”

La exvicealcaldesa de Viena Maria Vassilakou participó en un acto organizado por Verdes Equo y Aína para hablar del modelo de la capital austriaca.

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Ismael Juárez Pérez
Ismael Juárez Pérez
Graduado en Periodismo. Ha escrito en La Voz de Avilés, Atlántica XXII, El Norte de Castilla y El Salto. Fue coeditor y redactor en la revista de cortometrajes Cortosfera.

La política austriaca Maria Vassilakou, del Partido Verde, exvicealcaldesa de Viena entre 2010 y 2019 y responsable de urbanismo, movilidad y planificación urbana en la capital austríaca, participó este martes en un encuentro en el Centro Municipal de El Coto, en Xixón, bajo el título El acceso a una vivienda digna como un derecho: la experiencia de Viena. El acto, organizado por Verdes Equo Asturias y el partido asturiano Aina, abordó el modelo de vivienda pública de la capital austríaca, considerado uno de los más sólidos y estables del mundo.

Viena cuenta con uno de los mayores parques de vivienda social de Europa. Cerca de la mitad de su población vive en viviendas municipales o cooperativas sin ánimo de lucro. Este modelo, cuyos orígenes se remontan a la llamada “Viena Roja” de comienzos del siglo XX, se basa en la continuidad de políticas públicas durante décadas, en el uso de suelo público para construir vivienda asequible y en un sistema de alquileres vinculados al coste real de construcción, no al beneficio del mercado.

Al término del encuentro, Vassilakou atendió a NORTES para reflexionar sobre las claves de este modelo y sobre las lecciones que podría ofrecer a ciudades europeas que hoy afrontan una crisis de vivienda cada vez más aguda.

Viena suele describirse como el gran modelo mundial de vivienda pública. Desde dentro del gobierno municipal, ¿se vivía así o más bien como una lucha política constante para mantener ese modelo?

Se siente más bien como parte del ADN de la ciudad. Es algo que viene de cien años de historia y de tradición política, y que está en el centro de prácticamente todas las estrategias de desarrollo urbano que Viena ha seguido durante décadas.

Muchos analistas dicen que el secreto de Viena no es una política concreta, sino un siglo de continuidad política desde la llamada “Viena Roja”. ¿Hasta qué punto es importante esa continuidad para que una política de vivienda funcione?

Es crucial, porque significa que se va ampliando de forma constante el parque de vivienda asequible. Cada año se pueden añadir varios miles de nuevas viviendas. Viena, por ejemplo, se fija el objetivo de construir unas 7.000 viviendas asequibles adicionales cada año. Eso significa que, después de un par de décadas, se ha alcanzado ya una escala que permite afrontar con más flexibilidad las subidas de precios en el sector privado.

Una de las características más llamativas de Viena es que la vivienda social no está destinada solo a rentas bajas, sino también a la clase media. ¿Por qué es tan importante para que el sistema funcione?

Tiene toda la razón. Viena se dirige a la clase media; en realidad, a personas como usted o como yo. Aproximadamente el 80% de la población de Viena puede acceder al sistema. Eso significa que no hay estigmatización. Significa que todo el mundo crece en Viena con una sensación de seguridad social y económica, sabiendo que si en algún momento de su vida gana un poco menos, seguirá teniendo acceso a una vivienda de alta calidad. En ese sentido, la llamada vivienda social en Viena es para todos, no solo para los grupos más vulnerables.

Vivienda pública en Viena de diferentes tipologías y épocas.

Durante décadas en Europa se defendió que el mercado inmobiliario debía autorregularse. La experiencia de Viena parece decir lo contrario. ¿Qué hace diferente su modelo?

Lo primero que hay que decir es que el mercado de la vivienda no se ha autorregulado. Y además conviene aclarar algo: la vivienda en realidad no es un mercado como cualquier otro, porque se trata de un bien limitado. Pero más allá de esa discusión económica, Viena ha demostrado que la vivienda subvencionada puede ser un modelo económicamente sostenible. La ciudad subvenciona cada año la construcción de un determinado número de viviendas utilizando suelo que debe ser asequible, en muchos casos, suelo público. Y los alquileres que resultan de ese sistema se basan en los costes reales de construcción, sin beneficio. Son alquileres asequibles, pero no se fijan según los ingresos de los inquilinos, sino según el coste real del desarrollo de las viviendas. Lo que Viena demuestra es que lo que vuelve inaccesible la vivienda es el beneficio. Cuando se pasa a un modelo de vivienda sin ánimo de lucro, se pueden construir viviendas de gran calidad que resulten asequibles para todo el mundo. Y si alguien pertenece a un grupo vulnerable, siempre puede recibir ayudas individuales a través del sistema de bienestar.

Algunos críticos sostienen que el sistema de Viena puede ser burocrático o difícil de acceder para quienes llegan nuevos a la ciudad. ¿Cree que es una crítica justa?

Es cierto que quienes llegan nuevos necesitan pasar algunos años antes de poder acceder al sistema. Pero, sinceramente, no creo que sea burocrático. En los últimos años se han hecho muchos esfuerzos para simplificar los procedimientos. De hecho, hoy se puede obtener por internet el certificado que acredita que se cumplen los requisitos para acceder a la vivienda social. Básicamente basta con demostrar que se ha vivido el tiempo suficiente en Viena y presentar los datos fiscales para comprobar que se está dentro de los límites de ingresos establecidos.

“Es fundamental que el alquiler se base en los costes reales de construcción, sin beneficio, y no en los ingresos de los inquilinos”

En España el parque de vivienda pública de las ciudades es muy reducido comparado con el de Viena. Si una ciudad quisiera empezar a avanzar hacia un modelo parecido, ¿cuál sería el primer paso?

En mi opinión, el primer paso debería ser una política de suelo. Dicho de otro modo, sería muy importante examinar las reservas de suelo de la propia ciudad o de otras administraciones públicas que puedan utilizarse, porque el suelo debe ser asequible para que el modelo funcione. Una vez se dispone de suelo asequible, la ciudad puede empezar a conceder subvenciones en forma de préstamos a largo plazo con intereses bajos y fijos, que las cooperativas o entidades sin ánimo de lucro dedicadas a la vivienda social puedan devolver en un plazo de 25 o 30 años. De esta manera se crea un fondo rotatorio, porque el dinero va regresando a la ciudad a través de esos préstamos y puede volver a utilizarse para financiar nuevas viviendas. Además, el ayuntamiento debe aportar cada año una parte de su presupuesto a ese fondo. Es un modelo que funciona en toda el área germanófona, también en Suiza o en los Países Bajos, y que ha demostrado ser muy robusto desde el punto de vista económico.

Por lo que explica, el diseño financiero del sistema parece tan importante como la voluntad política para sostenerlo en el tiempo.

Sí, es clave para el éxito del modelo. También es fundamental que el alquiler se base en los costes reales de construcción, sin beneficio, y no en los ingresos de los inquilinos. Cuando se analizan modelos que han fracasado, muchas veces se ve que los alquileres se fijan según la renta de los residentes. A largo plazo eso resulta financieramente insostenible si no se mezcla el presupuesto de vivienda con el presupuesto de bienestar. Si la vivienda es asequible pero al mismo tiempo financieramente estable, y si las personas que necesitan más apoyo lo reciben a través del sistema de bienestar, entonces se puede mantener el modelo durante décadas y seguir ampliando el parque de vivienda asequible sin ánimo de lucro.

¿Cree que la vivienda debería tratarse como un derecho social básico en las ciudades europeas, al mismo nivel que la sanidad o la educación?

Claramente sí. La vivienda es un derecho fundamental, no un activo. Eso no significa que el mercado privado deje de existir o que no se puedan obtener beneficios con la vivienda. Pero limitar esos beneficios es fundamental para que nuestras sociedades y nuestras ciudades puedan seguir funcionando. Si observamos lo que está ocurriendo hoy en muchas ciudades, vemos que una de las razones principales de la suburbanización es que los jóvenes y las familias jóvenes ya no pueden permitirse vivir en la ciudad. Se ven obligados a trasladarse a zonas periféricas o rurales y a recorrer a veces una hora para acceder al empleo o a la educación. Eso acaba deteriorando tanto el tejido urbano como la cohesión social.

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