Asustan los enormes gastos militares (que auspician y conducen a la guerra)

El discurso belicista ha impregnado las instituciones europeas hasta el punto de modificar las propias bases económicas neoliberales de la UE.

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Javier Arjona
Javier Arjona
Minero jubilado y militante internacionalista.

El aumento total del gasto militar a nivel global ha alcanzado el 6,8% en términos reales respecto a lo que se gastó en 2022, hasta alcanzar los 2,44 billones de dólares.

La primera posición lo ocupa Estados Unidos con 916.000 millones $, Europa 374.000 millones €, China 296.000 millones $ y Rusia 109.000 millones $.

Europa se gasta 4 veces más que Rusia (sin considerer a EEUU).

El discurso belicista ha impregnado las instituciones europeas hasta el punto de modificar las propias bases económicas neoliberales de Europa y cambiar las reglas del juego global.

Un banco europeo de Guerra. El Banco Europeo de Inversiones recibió presiones por parte de un gran número de Estados miembro para que abra las puertas a financiar proyectos transfronterizos de defensa, algo que va en contra de los límites y funciones que, hasta ahora, ha tenido el BEI.

El Banco Santander y el BBVA aparecen en novena y décima posición con 5.000 millones de euros cada uno invertidos en la industria de las armas.

Las guerras siempre han sido un negocio para unos pocos. No sólo cuando las bombas y las armas producidas por estas empresas son lanzadas y disparadas, los tambores de guerra en forma de mensajes bélicos alarmistas se transforman en subidas bursátiles del valor de dichas firmas y sus accionistas.

La espiral armamentística y militar europea tiene un efecto muy directo en las cuentas de resultados de las principales fábricas de armas. Se forran.

En abril de 2021, el Estado vendió la Empresa Nacional Santa Bárbara a General Dynamics Combat System Group por 5 millones de euros. Una cantidad “ridícula”, señaló entonces Pere Ortega, del Centre Delàs  de Estudios para la Paz, que permitió “la entrada de una de las más potentes empresas militares de Estados Unidos en el mercado europeo”.

La adquisición, sostenía Ortega, “se llevó a cabo gracias a la existencia del suculento pedido de fabricación de 242 carros blindados Leopard por un importe de 1.941,27 millones de euros”.

Puente de “La Fábrica”, al lado de la Fábrica de Armas de Trubia. FOTO: Toño Huerta

El Comité de Empresa de Santa Bárbara, agregaron desde Delàs, “se opuso a la privatización y presentó una reclamación ante los juzgados por el bajo precio de la venta. El Supremo falló diciendo que la adjudicación ‘puede ser inferior al coste económico que pueda tener para el Estado, pero ello no afecta a la validez del acto’. Lo cual confirma que la venta fue legal, pero también dictamina que ésta se llevó a cabo por debajo de su precio real”.

El año pasado, la empresa ingresó 42.300 millones de dólares (39.167 millones de euros al cambio actual), lo que supone un incremento del 7,3%. En cuanto a las ganancias netas, fueron de 3.300 millones.

En nuestro estado las cifras del gasto militar van desde los 22.2233 millones admitidos por el gobierno, los 27.617 que adjudica el SIPRI, o los 48.800 que estima el grupo Tortuga.

Desde que asumió Pedro Sánchez, se cuantifica un aumento del 62.4 % en gasto militar.

Todos, sin embargo coinciden con el aumento, y las interpretaciones tienen que ver con los créditos y con los diversos ministerios en los que se esconde (opacidad denunciada) el gasto militar.

Un Gasto inútil y peligroso: contribuye decisivamente a la situación global de inestabilidad, injusticia, violencia, riesgo catastrófico medioambiental y falta de paz global, a los que contribuye tan decisivamente el militarismo y su actual vertiente prebélica y de escalada.

Solo desde un punto de vista indirecto y economicista, el apoyo al gasto militar distorsiona los mercados laborales, detrae recursos de investigación y desarrollo, condiciona la tecnología, impone prácticas oligopólicas, fomenta el riesgo de despilfarro y corrupción y provoca retornos muy por debajo de los que produciría igual nivel de gasto en sectores civiles. Y además ha generado una deuda de más de 55Mil millones por los encargos de los programas de armamento.

Según el SIPRI el numero armas nucleares ha aumentado, se ha incrementado el tipo de armamento nuclear de nueva generación al mismo tiempo que los estados impulsan la disuasión y se deterioran las relaciones geopolíticas.

Su informe recoge que hay 12.121 cabezas nucleares censadas, lo que nos acerca más al abismo nuclear, por que las tensiones y la retórica amenazante con el uso de armas nucleares se incrementa al mismo tiempo que los foros de desarme y diplomacia nuclear se deterioran.

Y eso que desde 2021 las armas atómicas son ilegales.

Los países europeos han apostado por la disuasión y han cerrado filas en torno al Grupo de Planes Nucleares de la OTAN. Países como Alemania han adquirido aviones F-35 capaces de transportar armas nucleares norteamericanas.

El Estado de Israel es quien más ha incrementado su gasto militar en su genocidio contra Palestina, con un incremento de nada menos que un 24% hasta alcanzar los 27.500 millones de dólares en 2023.

El ministro de defensa llegó a decir que Israel podía usar un arma nuclear en territorio de Gaza. Con estas declaraciones hacia público que Israel dispone de armamento nuclear, hecho que nunca ha reconocido.

Mucha gente de a pie consideramos que es hora de parar el militarismo, de parar la disuasión militar, de parar la idea de guerra nuclear. Es hora de desescalar las tensiones, de buscar acuerdos de futuro buenos para la continuidad de vida de la humanidad y del planeta. Es hora de que los poderosos del mundo hagan renuncias en pro de la humanidad.

Europa se prepara para la guerra, su lema la disuasión, tener ejércitos potentes, capacidades destructivas mayores que los adversarios y generar temor para que no atrevan a atacar Europa. Estas políticas suponen detraer recursos económicos y humanos, supone abandonar o relegar políticas de bienestar social a un segundo plano, supone anteponer criterios militares a criterios sociales, supone seguir dejando en la cuneta a millones de personas que no llegan a fin de mes, deteriorar la sanidad o las prestaciones sociales y dejar de invertir en frenar el cambio climático. Impulsar la economía de guerra ira en detrimento del sistema de bienestar social. La historia nos muestra que cuando crece el belicismo, el militarismo, las armas y la retórica de guerra, estamos cerca de una guerra. Si los tambores de guerra suenan, es necesario acallarlos o cuando nos vayamos a dar cuenta y queramos reaccionar será demasiado tarde

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